Capítulo 14.

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Ninguno de los dos abrió la boca luego de la confesión. Se quedaron ahí, sentados en el auto, callados. No sabían que responder.
Ésta era la parte en donde, en las películas, él se acercaba lentamente, acariciando la mejilla de ella, mirándola fijamente para luego besarla.
Pero Crawford era demasiado tímido para eso, y Mackenzie quería su beso. Ella lo miró esperando algo, solo lo miró, no se animaba a obligarlo a besarla. Pasaron unos minutos y Carwford aclaró su garganta.

—¿Entremos a tu casa? —se sonrojó al creer que Mackenzie lo había mal pensado, pero ella se encogió de hombros y asintió, bajándose del auto.

                                •••

—¿Está tu hermano? —preguntó, mirando como la chica quitaba el joystick del sillón y se tiraba en éste.
—No, lo dejé con mi mejor amiga y su novio.
—¿Con Thea?
—Sí —Crawford se sentó a su lado y jugó con sus manos—. Mira, yo... Lo siento, no quería decir eso.
—¿No te gusto? —Mackenzie lo miró con tristeza y Crawford abrió los ojos como platos, negando.
—¡No, no! ¡No quise decir eso! Sí, me gustas muchísimo, eso es verdad. Pero esto... ¿No...? ¿No te parece que es muy rápido?
—Sí —susurró y miró al piso—. Pero es raro, ¿Sabes? Me gustas como si te conociera de hace mucho tiempo.
—Me pasa igual —sonrió tímido mientras veía el perfil de ella.
—Tengo miedo a que, no lo sé, empecemos una relación y nos demos cuenta de que no nos queremos y bueno.
—Entonces nos conozcamos primero.
—Ya tratamos de hacer eso, Crawford, y terminamos peor —dijo, recordando ese día en el café.
—Sí, es cierto —soltó una risa y negó—. Pero, ahora que pudimos tener una conversación civilizada por más de cinco minutos, estoy seguro de que vamos a poder hablar sobre nosotros mismos sin matarnos en el proceso.

Mackenzie soltó una carcajada y asintió feliz. Le parecía una excelente idea y, si era sincera, quería conocer al verdadero Crawford Collins.

—Bien, yo empiezo. ¿Cuál es tu color favorito?
—Oh, preguntas básicas, me gusta —sonrió dejando ver dos hermosos hoyuelos que volvían completamente loca a Mackenzie—. Rojo, y el tuyo verde —ella frunció el ceño—. ¿Te olvidaste de que eras famosa? Sé casi todo de ti.
—¿Eres algo así como una fangirl mía? —preguntó divertida y él asintió con una sonrisa.
—Sep, pero en éste caso sería un fanboy.
—Bueno, supongo que la que hará preguntas aquí seré sólo yo.
—Dispara, muñeca —Mackenzie soltó una carcajada.
—No te entiendo, eres tan tímido pero luego hablas como todo un fuck boy.
—Contigo ambas partes de mí salen a la luz —se encogió de hombros—. Soy como Gollum.

La científica alzó una ceja y Crawford la miró raro.
Ella, por alguna razón, nunca recordaba quién era ese personaje tan conocido. Thea le había explicado incontables veces que Gollum era un personaje de las películas El señor de los anillos, las cuales eran muy famosas.
'—¿Sabes? Insisto en que eres Gollum.
—¿Y ese quién es?
—Ugh, Mackenzie, es ese bicho feo y raro que siempre dice ¡Mi precioso! Te lo he explicado millones de veces' —había dicho Thea, soltando un suspiro de frustración.

—¿No sabes quién es?
—Mejor volvamos a las preguntas —dijo rápidamente—. ¿Tienes mascotas?
—Sí, se llama King y es el resultado del cruce entre un pomeranian y un husky.
—Aaww —dijo Mackenzie—. No tengo idea de qué son esos perros pero suena muy tierno —Crawford rió y sacó su celular, buscando una foto de su mascota.
—Mira, éste es mi bebé.

Mackenzie sintió su corazón desfallecer al ver ese hermoso y blanco cachorro. Si fuera por ella, se casaría con todos los perros en la tierra, los amaba con corazón y alma. En realidad, amaba a todos los animales, menos a los humanos.

Crawford Collins. Ciencia & periodismo.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora