Los días fueron pasando y Lucero se sentía cada vez mejor. Ya estaban instalados en la locación donde se rodaría la telenovela, esta contaba la vida de una mujer que, habiéndose casado con un hombre afeminado, fue víctima de la maldad de su suegra quien metió a un extraño en su cama con la intención de dejarla embarazada. La historia se desenvolvía alrededor de todo lo que tuvo que pasar esta mujer para hallar la felicidad.
A Lucero y su madre les habían alquilado una cómoda casa bien cerca para que ella pudiera estar con sus niños en la noche, en el día, su mamá le traía a la nenita para que le diera el pecho. Estaba contenta, había muchos amigos en el elenco y primeras actrices y actores también y el ambiente en los foros era de alegre camaradería entre todos, ni siquiera la toma del primer encuentro de los protagonistas, la preocupó, había escena de beso, pero todo pasó tan normal que se relajó de inmediato.
Cierto día su marido fue a una de las grabaciones y lo notó algo extraño, miraba a Fer con expresión de reserva, lo saludó sí, pero frío y distante. Le dio un beso a ella y se marchó a ver a los niños. No regresó.
Y así transcurrió la mayor parte del tiempo, Fernando la hizo sentirse bien y tranquila, la trataba de una forma que parecía más su hermano que otra cosa y a ella eso le gustaba, hasta había vuelto a llamarla "pollo" por sus piernas, pero jamás la miró de forma inadecuada. Aunque la desilusionó un poquito pues también le habría gustado saber que aun la atraía.
-- ¿Para qué?—Se dijo mirando su reflejo en el espejo del camerino— Eso solo te traería serios problemas.
Ya se acercaba el final de la telenovela, todos estaban emocionados y nerviosos por el resultado. Fernando estaba satisfecho con su trabajo, él era un buen actor y había desempeñado su papel a la perfección. Claro eso era fácil ya que lo había hecho muchas veces en su vida.
Lo que realmente le había costado era fingir ante ella. Tratarla con respeto y hacer de cuenta que no sentía nada, era la cosa más difícil que había en la vida, cuando lo que había querido todo el tiempo era besarla y darle rienda suelta a la pasión.
Pero no podía, no debía saber que se moría por ella. Nunca debía enterarse como lo traía, porque ella estaba casada y tenía dos hijos.
Pero estando a solas podía soñar que las cosas eran de otra forma. Podía imaginar que ella era su mujer y que esos eran sus hijos, podía vivir en una nube...
* * * * *
Todos se reunieron a ver el final, después de eso irían a grabar una entrevista en un Show muy famoso de Miami y más tarde había una fiesta privada en un hotel para el elenco. Allí se quedarían y al día siguiente todos se irían por su camino.
Lucero había dejado a sus niños en México con su mamá y había viajado a Miami para el show y la fiesta de despedida.
Se fueron a la entrevista con el elenco y luego a la fiesta. Se divirtió mucho y estuvo todo el tiempo sonriendo. Fernando estaba ahí y sonreía también. Él nunca bebía pero esa noche tomo una copa de champaña para brindar por el éxito de la telenovela.
Uno de los actores llamado Marcelo estuvo acompañando a Lucero toda la noche, era atractivo, atento y a ella le agradaba su compañía.
Fernando no entendía que tanto hacía con el "Marcelito" ese, era evidente que se babeaba por ella y a ella parecía gustarle su galanteo. Fer sintió celos de todo eso. Debía controlarse, debía dejar de mirarla o haría algo estúpido, pero la verdad era que no podía.
Ella estaba radiante aquella noche. Su cara de ángel hermosamente maquillada, su cuerpo envuelto en un traje negro que llegaba a sus tobillos, pero con una abertura alta al frente que dejaba ver sus piernas al caminar, la espalda desnuda y el pelo suelto cayéndole en elegantes rizos. Fer estaba embobado y la respiración lo abandonaba por ratos.
-- Deja de verla así—le dijo Ernesto a su lado—O ella se dará cuenta.
--No puedo evitarlo—Fer suspiró—Es mi castigo y lo merezco, mirarla sin derecho a hacerlo.
Ernesto lo miro extrañado y le pregunto a qué se refería
--Yo me entiendo
La fiesta estuvo bien entretenida y el tiempo pasó sin darse cuenta. Llegó la hora de marcharse a dormir. Lucero se despidió de todos y se fue a su habitación. Se metió en la tina y se dio un largo baño caliente que le relajo los músculos. Sin querer su mente se transportó a una cierta noche del pasado en que un hombre la había estrechado entre sus brazos y la había besado como nadie....frenó su imaginación y se regañó por eso. Salió y después de ponerse el pijama marcó el número de su mamá. Preguntó por los niños y tras unos minutos de charla, colgó.
Fernando daba vueltas en su habitación, estaba nervioso y le sudaban las manos. Quería verla, quería tocar la puerta de su habitación y entrar. Se moría por darle un beso y estrecharla entre sus brazos... pero ella no quería lo mismo. Amaba a otro hombre y sus besos eran para ese hombre, él no tenía derecho a desearla, pero, que Dios lo ayudara, si la deseaba y mucho.
Cerró los ojos y suspiró pero nada lo tranquilizaba, ni siquiera el baño de agua fría que se había dado logró calmarlo. Camino hasta la puerta y se detuvo, sacudió la cabeza y se giró.
—Es un error – Lo dijo sin convencimiento --No—volvió a girar—El error es dejarla ir y no volver a verla en otros diez años.
Camino hasta la puerta, la abrió y salió...
Lucero estaba leyendo sus "Tweets" cuando alguien tocó, terminó de escribir un mensaje, apagó el celular y caminó descalza hasta la puerta.
Se sorprendió de ver a Fernando parado allí, una sombra de duda le teñía el rostro.
-- ¿Se te ofrece algo?—La pregunta era tonta, ¿qué podía ofrecérsele al hombre en su cuarto a esas horas? Pero aun así era mejor que el silencio.
-- ¿Puedo pasar?
Ella le indicó que sí con la mano y él entró. Caminó unos pasos y se detuvo. Ella pudo apreciar la anchura de sus hombros y sus caderas estrechas pues traía una camisa de deportes y pantalones de pijama.
-- ¿Te preguntaras que hago aquí?
-- Me lo estaba preguntando, si
-- Yo...no podía... dormir y decidí...— ¿Qué podía decirle que no sonara a excusa barata?
-- Decidiste ver si yo tampoco podía dormir ¿es eso?
Fer sonrió a su pesar y se alegró de que ella no pudiera verlo
-- No exactamente—su voz sonó algo ronca-- ya sé que eres una chica nocturna y que rara vez duermes antes de la madrugada. Y te digo algo
-- ¿Qué cosa?
-- Eres la especie de "pollo" más raro que conozco.
Ella soltó una carcajada y Fer se giró en ese instante para darle el frente y por primera vez la miro con atención. Tenía puesto un pijama corto, sus piernas estaban desnudas y sus pies descalzos. El pelo suelto y el rostro sin gota de maquillaje.
Se le acercó y ella no se movió.
Le tocó la cara lentamente y la vio cerrar los ojos, cuando los abrió tenía una expresión de anhelo que lo sorprendió. Se acercó más hasta que sus cuerpos se tocaron y la rodeó con los brazos, ella hundió la cara en su pecho y lo abrazo también.
-- Sabes que no me iré como la otra vez ¿verdad?-- Ella no contestó-- Lo sabes, y también sabes porque.
Entonces la besó en el cuello y ella se estremeció en sus brazos, era tan suave y olía tan rico que no le importó nada más. Una sensación de que alguien había quitado el piso bajo sus pies la invadió, algo como lo que experimentó esa noche de luna llena. Las manos de Fernando volvieron a recorrer su cuerpo y sus labios la saborearon con la misma pasión.
La desnudó lentamente y la tomó en sus brazos para llevarla a la cama. La dejó ahí y se acostó a su lado aun con el pantalón puesto. Ella sintió algo de vergüenza y se cubrió pero él le retiro las manos
-- No, déjame verte
Entonces se desnudó por completo y volvió a besarla, tan lento que ella pensó que se desmayaría. Le acaricio el vientre y jugó un rato con su ombligo, ella lo veía como en un trance y solo se limitó a sentir.
Estaba en la cama con Fer... ¡Dios! ¡Era una locura! pero no quería que parara. Mañana tendría tiempo de arrepentirse, ahora solo lo quería a él. En un solo movimiento se puso sobre ella. Era enorme y la apretaba bajo su peso pero a ella eso no le importaba.
Sentirlo así era la cosa más sexy que le había ocurrido en la vida...
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Almas Gemelas
RomantizmLas almas que se encuentran y se reconocen, nunca se sueltan; ni con la distancia, ni con el silencio, ni con las vueltas que da la vida 💫
