La mañana los sorprendió uno en brazos del otro. El sol se filtró por la claraboya del camarote y despertó a Fernando. Levantó la cabeza y se apoyó en un codo para mirar a Lucero. La contempló embelesado y pasó su mano por su cabello revuelto. Estaba algo rizado por la brisa del mar. Así le gustaba más. Le daba un aire infantil y salvaje a la vez.
Le dio un beso en la nariz y ella se movió dormida.
-- Despierta bonita, el sol esta alto
-- Mmm—seguía con los ojos cerrados
Él sonrió.
-- No eres muy buena para levantarte
Ella abrió los ojos y lo miró
-- Será porque un duende malvado no me dejó dormir anoche.
Fernando se hizo el desentendido
-- Eso te enseñará a no tratar con criaturas extrañas.
Ella sonrió ampliamente y él se quedó un rato observándola.
-- ¿Te gustaría ir nadar?
-- ¿Nadar?
-- Sí
-- ¿Podemos?
-- Estamos cerca de la playa
-- ¿Y si nos ven?
--Es una playa solitaria. Iremos en el bote salvavidas y el capitán nos recogerá al medio día.
A ella le pareció buena idea.
Luego de ducharse y ponerse sus bañadores, dispusieron las cosas en el bote. Tomaron un desayuno ligero y salieron hacia la playa. Era un bote a motor y en santiamén estuvieron en la orilla.
Fernando la ayudó a bajar y luego aseguró el bote en la orilla.
Bajaron todo y se tendieron al sol.
-- ¿Estás seguro que nadie nos verá?
-- ¿Tienes miedo que se enteren que estamos aquí?—Fernando la miró serio esta vez. La entendía pero también le dolía tener que esconderse.
-- No quiero que la gente se meta entre nosotros—ella le tocó el hombro— lo que tenemos es bonito y no quisiera que lo empañasen con comentarios malintencionados.
Fernando le sonrío y la agarró la mano para besarla.
Ella le acarició la cara y se dieron un beso ligero.
-- ¿Quieres que te ponga el bloqueador solar?
Ella asintió y él se puso de pie. Buscó el bloqueador y volvió junto a ella.
-- Ponte de espaldas
Ella lo hizo y desató el nudo de su bikini. Se echó una cantidad generosa y lo esparció por la espalda de Lucero desde la base de la nuca hasta las caderas. Ella sintió sus dedos sobre la piel y cerró los ojos. Era divino.
Fernando siguió y la hizo girarse boca arriba. Tomó otro poco y lo esparció alrededor de su cuello y su abdomen. Ella lo miraba atenta a cada movimiento de su mano. Levantó la vista y sus ojos se encontraron. Bajó la mano hasta sus piernas y sin dejar de mirarla se las frotó también. Entonces su mirada le dijo cuanto la deseaba.
-- ¿Quieres que te ponga un poco?
Él negó con la cabeza
-- ¿Por qué?
-- No tengo tanta fuerza de voluntad como tú—sonrío y le acaricio la pantorrilla— si me tocas en este momento, no podré resistirme y te haré el amor aquí mismo.
Ella se incorporó y se acercó hasta que sus cabezas casi se tocaban.
-- ¿Te da miedo que alguien nos vea?
-- A mí no pero, no sé a ti
-- En realidad es arriesgado.
-- Sí, tienes razón— Él le acarició la cara y bajó la mirada—aunque así no me estas ayudando mucho.
Ella se sonrojó hasta la raíz del cabello. Había olvidado que no llevaba la parte superior del bikini.
Subió las manos para cubrirse pero él la detuvo.
-- Espera—la miró fijamente— no te cubras ante mí, nunca me prives del placer de mirarte.
Luego se levantó y le tendió la mano, ella se acomodó el bikini y la dio la mano. Se metieron al agua y se abrazaron dejando que las olas mecieran sus cuerpos. Nadaron y se besaron hasta quedar sin aliento.
Regresaron a la orilla y se sentaron en la arena. Esta vez Fernando no se contuvo, la deseaba y su cuerpo mojado lo provocaba demasiado. Entonces, le agarró la cabeza y la besó, probando el agua salada de sus labios.
Ella cerró los ojos y se dejó llevar por el beso. Fernando la recostó sobre la arena.
El sol les calentaba la piel y ella sintió el peso de su cuerpo sobre el suyo. Le acarició la espalda y Fer saboreó sus labios profundamente.
Hicieron el amor ahí bajo el sol. Era tan erótico lo que estaban haciendo que los dos se estremecieron. Sus cuerpos se mezclaron volviéndose uno solo.
Luego, él la abrazó y así se quedaron un buen rato.
Después volvieron al agua, hasta que vieron el yate acerarse.
Regresaron en el bote y abordaron el barco, se fueron al camarote y tras ducharse Fer les preparó el almuerzo. Comieron y rieron junto con el capitán. Luego, volvieron al muelle y regresaron a la casa de Fer, de la misma manera que había salido. Subieron las escaleras y entraron a su habitación.
-- ¿Te quedas hasta mañana?
-- No puedo debo regresar hoy, mi avión sale esta misma noche.
La mirada de Fernando se ensombreció y ella lo abrazó
-- No quiero volver—le acarició los músculos de los brazos—Quisiera quedarme aquí por siempre.
Fernando tenía la barbilla en su cabeza.
-- Al menos tienes a tus hijos que te esperan en casa
-- Sí, es cierto
-- En cambio yo—su voz se cortó— estoy solo
Ella sintió que el corazón se le encogía. Él era un buen hombre y seguramente sería un buen padre.
Se soltó de su abrazo y se alejó unos pasos. Fernando la siguió y la detuvo
-- ¿Dije algo que te molestara?
-- No—las lágrimas le corrían por las mejillas— es solo que yo... —no pudo terminar pues un sollozo la ahogaba la garganta
Fer la abrazó y la estrechó contra su pecho.
-- Perdóname bonita, yo no debí hablarte así
-- No es tu culpa—ella se limpió las lágrimas— Es que no puedo ser egoísta contigo
-- ¿De qué hablas? No... no entiendo
-- ¡De los hijos Fer!—se soltó de sus brazos y lo miró a los ojos— tú mereces tenerlos y yo no puedo dártelos.
-- Estoy bien así—le acarició la cara— si estoy contigo nada más me importa
-- Pero no es justo para ti
-- Dejemos ese tema de lado quieres.
-- Pero yo... yo
-- Te dije que cruzaríamos ese puente al llegar a él.
Lucero lo abrazó.
Él la llevó al aeropuerto en otro coche diferente y bajo la más estricta confidencialidad. Antes de bajar se dieron un beso largo y se prometieron que se llamarían.
Lucero bajó del auto y el chofer la ayudó con las maletas. Fernando la vio perderse tras la puerta de cristal.
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Almas Gemelas
RomanceLas almas que se encuentran y se reconocen, nunca se sueltan; ni con la distancia, ni con el silencio, ni con las vueltas que da la vida 💫
