EPÍLOGO

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Tenía ganas de irme ya a casa.

No sabía nada de Ross desde semanas.

Supongo que se había tomado tiempo para pensar en su vida.

Así como yo lo había hecho.

Miré a Rydel entrar por la puerta de la cafetería.

Sonreí al verla y corrió a saludarme mientras le devolvía su cambio a una chica.

Me saludó con un beso en la mejilla y me pidió que me sentara con ella a platicar.

Michelle se quedó a cargo del mostrador y fui con Rydel.

-¿Cómo estás? ¿Te sientes mejor?- Me preguntó.

Obviamente hablando del tema de Jacob.

-Bien, estoy bien. ¿Me siento diferente sabes?- Le respondí sonriendo.

-Pensé en hacerle una broma a Kaylee, algo pesada.- Me dijo riendo.

Se mordió el labio y buscó algo en su bolso.

-Ross me contó todo lo que le dijo, amé a mi hermano Noah, lo amé en cuanto me contó.

Me dijo riendo.

Sacó una lata de pintura en aerosol de su bolso.

Era color roja.

Me llevé las manos a la cara.

-Mierda Rydel, ¿qué hiciste?- Le dije riendo.

Me mostró unos guantes de latex, con manchas de pintura roja, ya seca.

-¿Quieres ver que hice? Vamos, dile a Michelle que saldrás conmigo unos minutos.

Me insistió y asentí.

Minutos más tarde salí de la cafetería con ella y me subí a su auto.

Manejó como loca y llegamos al edificio donde antes vivían Ross y Kaylee.

-Observa lo que dice la entrada al estacionamiento.

Me dijo riendo.

Me asomé por la ventanilla del auto.

Rydel estaba loca.

"CUIDADO CON LA ZORRA DEL PISO 8"

Leí en voz alta lo que decía y solté una carcajada.

-Mierda, estás demente.- Le dije riendo aún.

Me enseñó unas fotos en su celular.

Era una foto de la puerta de Kaylee, pintada con aerosol.

Decía la palabra zorra en mayúsculas.

Reí de nuevo y Rydel me miró sonriendo.

-¿Crees que ya lo haya visto?- Le pregunté sonriendo.

-No, creo que estaba trabajando. No había nadie en su departamento.

Me respondió con tranquilidad.

-Rydel, estás loca.- Negué con la cabeza, aún con una sonrisa.

-¿Has hablado o visto a Ross?

Me preguntó, de repente.

Lancé un suspiro.

No, no lo había visto.

Y no sabía si volvería a verlo.

[...]

Estacioné el auto cansada.

Respiré profundamente.

VENGANZA // Ross LynchHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora