Capítulo 24

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Terminé de arreglarme.

Mi madre nos había invitado a una fiesta, en casa de mi tío, hermano de mi madre.

Al parecer mis tíos y mi madre se habían puesto de acuerdo para organizarle una super fiesta de cumpleaños a mi hermana menor, Taylor, quien cumplía dieciséis años.

La fiesta la harían en la enorme casa de vacaciones de mi tío, al sur de Los Ángeles.

Desde que era pequeña, esa casa me había gustado bastante.

Era hermosa, con apariencia de una hacienda por su estilo de decoración y construcción colonial y antigua. 

Tenía un bonito jardín en la parte trasera, y había unas escaleras para descender a la playa, por lo tanto había una hermosa vista.

Y en la parte delantera, había una hermosa fachada, decorada con flores y una bonita fuente.

Era realmente hermosa y como Taylor era la menor de las hermanas, era la consentida de mamá y ahora de mis tíos.

Y bueno, yo me había encargado de invitar a Kaylee, solamente para poder ver a Ross y aprovechar un rato, nada más.

Me miré frente al espejo varios segundos, hasta que Jacob entró a la habitación y se me quedó viendo.

-¿Y ese vestido?- Me miró confundido, observando mi conjunto.

Llevaba uno de los vestidos que Ross me había comprado en Colorado, la semana pasada.

Era negro, algo largo y de tirantes delgados.

Ajustado y con un ligero escote en el pecho.

-Lo compré hace tiempo.- Le respondí algo seria.

Llevaba también unos tacones dorados, junto con un par de aretes de oro, que también Ross me había comprado.

Tomé un collar de oro con un diamante pequeño y me lo puse.

Me alacié el cabello y cuando Jacob terminó de arreglarse, me pidió que le acomodara la corbata.

Me acerqué a él, y tomé el cuello de su camisa.

No lo miré a los ojos, no como siempre lo hacía cuando le arreglaba la corbata o la camisa.

Noté que él si me miraba, algo confundido.

-¿Pasa algo?

Pasé saliva y negué con la cabeza.

-Para nada, listo.- Terminé y miré su corbata negra descansando sobre la camisa blanca que llevaba.

Asintió y me separé de él.

No podía decirle en ese momento, aún no.

No quería arruinar la noche.

Me terminé de maquillar y me coloqué sobre los labios un tono palo de rosa.

Me miré una vez más frente al espejo y tomé mi cartera y mi celular.

Revisé mi armario y saqué un abrigo de terciopelo negro que tenía.

-Vámonos.

Le dije a Jacob y asintió, para después salir de la casa.

[...]

Llegamos después de casi una hora de camino.

Ahora los viajes o recorridos por carretera eran incómodos.

No hablábamos ni decíamos nada Jacob y yo.

Solo escuchábamos el radio en silencio.

Unos días más y lo dejaría, de verdad no aguantaba más.

VENGANZA // Ross LynchHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora