|19|

899 53 6
                                        

—No. —Luisa se saca a si misma de sus pensamientos el tiempo suficiente para firmar la cuenta para el mesero—Pensé que a lo mejor te lo había dicho.

—¿Cómo murió? —susurro.

—Cuando Agustín tenía doce, fue abducido.

—¿Abducido? ¿Cómo secuestrado? —digo, difícilmente siendo incapaz de creer lo que estoy escuchando.

—La familia de Agustín ha sido siempre muy rica, como ves, y estas personas querían mantenerlo por un rescate. Su madre… —Se detiene a sí misma, girando el brazalete alrededor de su muñeca—No. No es mi lugar el contártelo. Lo hará él mismo, cuando esté listo.

Retengo mi pregunta. Tiene razón, es la decisión de Agustín si quiere o no que sepa lo que le pasó. Y sin amigos, no tiene a nadie con quien hablar cuando las malas memorias surjan. Me pregunto si es por eso que nada de noche, para mantener alejadas las pesadillas.

—Está bien —digo, tragando y fortaleciéndome a mí misma—No me daré por vencida. Me pegaré a él le guste o no.

—Esa es la cosa más agradable que podría oír. —Me sonríe cálidamente, y de repente está de vuelta a su manera burbujeante—Así que, ¿a dónde quieres ir? ¿Ropa? Esa es siempre mi primera opción.

—Um… —comienzo, sonrojándome—. Es un poco vergonzoso, pero… no tengo mucho dinero conmigo.

Luisa rechaza eso ondeando la mano. —¡Yo invito! No tengo una hija, así que siempre estoy buscando a alguien a quien malcriar. La verdad, me haces un gran favor si me dejas consentirte un poco.

—No quiero que pagues —comienzo, pero Luisa me toma por el codo y me saca del restaurante, dirigiéndome con una fuerza sorprendente para tan delicada mujer. La próxima hora es básicamente un borrón. Luisa dirige al chofer al centro comercial, donde me mueve rápidamente a esas tiendas departamentales caras que siempre paso en mi camino a la sección de rebajas. De hecho, desde hace unos cuantos años atrás, he estado comprando la mayoría de mi ropa en la caridad.

Pero Luisa no actúa como si alguna vez hubiera oído de etiquetas-rojas-a-mitad-de-precio. Me pasa un vestido floreado con tela transparente, una blusa blanca cruzada (—¡Luces tan linda en blanco! —exclama) un par de faldas vaporosas, un par de medias de encaje, y como un millón de otras cosas antes de que me meta al probador, diciéndome que le muestre como luce todo.

Mi cabeza está aún girando con todo lo que he aprendido sobre Agustín, y mis débiles protestas no compiten con las de ella mientras todo se marca en la caja registradora a una cantidad que hace que mi mandíbula caiga. Paga por eso como si hubiera puesto una moneda en una máquina expendedora.

—Y tenemos que hacer algo con tu cabello —agrega, tocando las largas hebras de mis mechones rubio-castaños veteados—El estilista que hizo tus reflejos podría haber sido una chica ebria en su habitación.

Opto por no decirle que mi “estilista” fue, de hecho, una chica ebria en su dormitorio. Me arrastra de vuelta al auto, ambas ahogadas con bolsas que casi no puedo creer que sean mías.

No tengo idea de cómo va a encontrar un salón cuando no sé dónde habría uno, pero después de desplazarse por su teléfono inteligente por un minuto, le da al chofer la dirección y estamos de vuelta otra vez. Debería ser feliz, y agradecida.

La madrastra de Agustín está siendo increíblemente amable conmigo. Pero todo lo que puedo pensar es en Agustin. Secuestrado… no puedo imaginar lo espantoso que eso debió haber sido. Y de alguna manera, resultó en la muerte de su madre.

Con razón Agustín es frío. Si algo como eso me pasara, no querría sonreír tampoco. Mi corazón se retuerce con la culpa por la forma en que le hablé tan bruscamente. Lo culpé por no decirme nada, pero ni siquiera pensé en lo traumático que puede ser para él revivir los malos recuerdos.

Recuerdo algo que Luisa dijo, que él se veía mejor que la última vez que lo vio. ¿Qué podría haber querido decir con eso? Estoy bastante segura de que ella se equivocaba acerca de que él no me odia, pero de alguna manera me parece que eso no me molesta tanto. Puede odiarme si lo necesita.

Está bien. Pero si ella tiene razón, y hay algo que pueda hacer para ayudar, no puedo dejar escapar esa oportunidad. Estoy sorprendida por la intensidad de mi deseo de que sea feliz. No dejo de lado mis pensamientos hasta que la estilista ya está masajeando con champú mi cuero cabelludo.

Luisa merodea, ladrándole instrucciones a la mujer, que en su mayoría la ignora mientras examina críticamente mi cabello.

Tres horas, varios baños de pasta, y una cosa cónica parecida a una nave espacial que estuvo sobre mi cabeza, y la obra estaba terminada. Mi cabello es varios centímetros más corto, con capas, y tiene ligeramente más volumen. Flota alrededor de mí como una nube. Ella ha igualado los reflejos en mi cabello hasta que toda mi cabeza brilla como oro.

—Gracias, es hermoso —tartamudeo. Realmente lo es. —Si lo dejas crecer demasiado, pierdes el control de tu estilo —cacarea la mujer. Ahueca los bordes antes de girarse hacia Luisa, quien le da un asentimiento de aprobación.

Luisa paga antes de que vea la cantidad, lo cual probablemente es algo bueno, porque no sé si podría manejarlo. Le agradezco a Luisa una y otra vez hasta que ella finalmente presiona un dedo sobre mis labios.

—¿Algo más? —pregunta Luisa ansiosamente mientras salimos del salón—Puedo decirte que no usas maquillaje, y que realmente no lo necesitas, pero podríamos ir por tratamientos faciales, si quieres.

—Muchas gracias, Luisa, pero probablemente debería volver a la escuela —le digo con aire de culpabilidad
—Quiero… quiero hablar con Agustín.

Encantada, me besa ambas mejillas.

—Él no va a ser capaz de resistirse a ti con tu nueva apariencia. ¿Y puedo sugerir que uses el vestido que compramos?

No puedo evitar preguntarme si ella me ha estado arreglando para que sea más difícil para Agustín rechazarme. La idea me hace sonreír, es muy dulce de su parte intentarlo, pero sé que no soy bonita, y ninguna cantidad de mimos va a cambiar eso.

De ningún modo, a Agustín jamás le importaría en un sentido romántico. Lo mejor que puedo hacer es esperar a ser su amiga. Eso es lo que él necesita, así que eso es lo que quiero.

Además, nunca me voy a enamorar. Todo lo que tengo que hacer es ignorar la punzada en mi pecho. Luisa me lleva de vuelta a la universidad, el sol se sumerge más hacia abajo del océano, salpicando colores a través del agua que casi mató a Agustín. Me pegunto si debería decirle sobre eso, pero no hay duda de que Agustín se enfurecería conmigo. Voy a tratar de detenerlo de nadar en la noche por mi cuenta.

Me deja al lado de mi edificio, asegurándose primero de que pueda cargar todas las bolsas por mi cuenta. Ella se ve como una modelo, con el rostro erguido y resplandeciente con la luz del sol. El padre de Agustín debe estar perdidamente enamorado de ella.

—Muchas gracias, Caro
—No, no, ¡gracias a ti! —exclamo—. Hiciste todo esto por mí….
—Pero tú has hecho algo mucho más importante por mí. —Salta para darme un rápido apretón—. Estaremos en contacto. Quiero que nos veamos más, Caro. 





;)

Torrencial |Aguslina|✔|Adaptada|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora