Episodio 05.

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Parte 5. El enfermo.

Me removí incómodo en mi cama, traté de volver a conciliar el sueño así que evité abrir los ojos. Sentí un sudor frío que recorría mi cuerpo entero.

Trata de calmarte! ¡Escúchame!

Tardé un par de segundos en reaccionar. Mierda, Tammy.

Salí de mi cama rápidamente y me dirigí a la habitación de mi pequeña hermana.
Ella estaba a un lado de la puerta con su cabello revuelto y su pijama de corazones. Sostenía un pequeño oso color rosa de peluche.

-Tammy...

La tomé entre mis brazos y la lleve de vuelta a su cunero.

-¡Basta por favor! ¡Los niños están durmiendo!

-Porque has despertado Tam, las niñas pequeñas deben estar durmiendo ahora. -Le dije dulcemente a mi hermana.

-Mami, papi...

-Está bien Tam, mamá y papá solo están hablando.

Esperé unos segundos esperando a que los gritos cesarán o Tammy se quedará dormida pero nada ocurría. Tammy tenía los ojos bien abiertos y abrazaba a su oso como si este la protegiera.

-Tam, volveré a llenar tu biberón si me prometes dormirte.

-Pero Haro, mami dice que solo debo tomar leche en mi biberón una vez.

-Si pero mami no va a darse cuenta. Va a ser nuestro secreto. ¿Vale?

Tammy me sonrió. Minutos más tarde Tam había quedado dormida. Así que me levanté y sin hacer ruido salí de su pequeña habitación no sin antes asegurar la puerta con llave.
Bajé las escaleras despacio, los gritos y sollozos comenzaban a escucharse más fuerte.

-Mamá. -Cariño qué haces aquí...

Hablamos ambos a la vez.

-¿Qué haces aquí? ¿Y Tammy? -Volvió a hablar mientras se sostenía un pañuelo sobre la nariz.

-Mamá esto no puede continuar. -Hablé acercándome hasta ella. Pude ver los diversos golpes esparcidos sobre su rostro, unos antiguos de la vez anterior, y otros formándose, tenía la piel morada y los ojos hinchados.

-Está bien cariño. Estoy bien.

¿Qué estaba bien? ¿Cómo podía decirme eso? Estaba enjuagando su boca en el lavabo después de haber sido golpeada nuevamente y estaba bien.

-¿Dónde está?

-Subió, supongo que en la habitación. ¡Hijo no le digas nada! -Me gritó. -Está borracho ¡No sabe lo que hace!

Las palabras de mi madre defendiéndolo hacían hervir mi sangre, como podía justificar esa clase de acciones.

Subí las escaleras hasta llegar a la habitación de mis padres, entré, él estaba tirado a un lado de la cama con una botella de tequila en la mano. No pude contenerme verlo tan completo después de haber roto un poco más a mi madre.

-Levántate basura. -Dije acercándome hasta él y proporcionándole una patada en el estómago.

-El niño tiene agallas. -Dijo levantándose y escupiendo al suelo.

Pero quién te crees que eres para hablarme así. Soy tu padre imbécil.

-Compórtate como uno entonces. -Dije desafiante.

Me dio una sonrisa mostrándome sus no muy blancos dientes. Y estrelló la botella contra la pared.

-Quieres que te enseñe a mostrarme respeto niño.

Perfecta Para Mí. Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora