Gracias a sus vagos recuerdos Diego pudo moverse por las pequeñas calles de San Antonio. Los pequeños y coloridos escaparates hacían las delicias de cualquier transeúnte del lugar, ya fuera turista o nativo. Llevaba tres días en el pueblo pero para Álex, como le hizo saber, estaba de camping con algunos compañeros. A pesar de tener una idea fija de los motivos que le hacían estar en ese pueblo, no pudo evitar apartarse de ellos y disfrutar del pueblo. Era verdad, como le decía Álex, que todos se conocían, pero al haberse ido tan pequeño nadie reparó en su presencia. Recordó cómo al llegar lo primero que hizo fue ir al puerto y encontrarse con el Viejo Historias del que Álex le hablaba tanto. Diego recordó cómo Álex le comparaba con el padre que nunca tuvo y que le ayudaba a aprender y aclarar las dudas que le iban surgiendo a medida que crecía. Algo que no se esperaba Diego era que hombre le reconociera por su parecido con Álex, nadie más se había dado cuenta del detalle desde que llegara al pueblo.
El Viejo Historias le contó la relación de Álex y Elisa, de cómo se encontraban en el puerto para verse y que fue precisamente ahí donde se vieron por primera vez. Ella llegaba con su padre para recoger una carga, haciendo que su hermano se prendara completamente de ella y viceversa.
—¿Sabes? No hace mucho volví hablar de tu hermano —le comento el Viejo Historias.
—¿Sí?
—Un hombre vino preguntando por él. Como tu hermano se había hecho importante querían homenajearle y para ello requerían información de su pasado. Me asombró que me dijera que se había casado con Elisa. Al final sí que la encontró.
Diego entendía la confusión del Viejo Historias. Álex le había comentado cómo Álvaro, abiertamente, le hacía saber que había mandado a un detective privado a San Antonio. Obviamente la gente del pueblo le habría recomendado al detective privado preguntar todo lo necesario al pobre hombre mayor. Con la información recibida por Álvaro seguramente este se habría inventado la vida matrimonial de Álex y Elisa, consiguiendo engañar al viejo.
Lo sorprendente para Diego fue averiguar que aquel señor, que parecía no tener donde caerse muerto, había estado al cuidado de su hermano desde hacía años, pagando todos sus gastos y atendiendo sus necesidades, una casa, atención médica. Su hermano estaba al cargo de todo. La única pega de Diego fue el poco contacto que habrían mantenido directamente.
Basándose en lo importante que era el hombre para su hermano, se atrevió a revelarle la verdad y le aseguró que no tendría de que preocuparse, ya que habría sido engañado vilmente.
—¿Cuándo iras a verla? —preguntó con curiosidad el hombre.
—Bueno..., pensé que sería más fácil, pero ya llevo tiempo aquí y no me atrevo a ir a la mansión.
—Seguro que le gustara verte. Ve y no pierdas más el tiempo.
Diego sabía que el Viejo Historias tenía razón. La misión de aquel viaje era ver a Verónica y hablar con ella. Gracias a Álex se enteró de que su cuñada se había retirado a San Antonio, sospechando seguramente que sería una forma de alejarse de todas las cosas malas que habían sucedido. Una vez dicho lo que le tenía que decir, se marcharía respetando la decisión de Verónica respecto a estar lejos de su hermano y por consiguiente de él.
A Verónica le encantaba la sala de té de la mansión. De pequeña y muchas veces se encerraba en ella solo para escuchar música y alejarse de las llamadas de atención de Bárbara. Esta vez, desde que se instalara en la mansión, la usaba para tomar té y simplemente pensar. No había nada más que se pudiera hacer y no tenía ganas de cambiar la rutina. Mientras observaba el jardín una de las chicas del servicio se adentró y en la salita y le avisó de una visita inesperada. El corazón le dio un vuelco al sospechar que podía ser su marido. Estaba especialmente tan melancólica que no quería verle.
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Los ricos no lloran
RomanceAlejandro Baeza es un hombre de orígenes humildes, gracias a su inteligencia y trabajo duro consigue salir de su pueblo natal y mudarse a la gran ciudad junto a su hermano pequeño. Es un hombre ambicioso, trabajador y testarudo. Está acostumbrado a...
