Verónica llevaba días sin dirigirle la palabra y eso le ponía de los nervios, el colmo era comprobar cómo no le hacia el mismo vacío a su hermano. En un principio Álex menospreció la infantil técnica de su esposa, pero a medida que pasaban los días menos paciencia tenía.
Carlos acostumbraba a levantarle el ánimo contándole alguna anécdota de la oficina, pero últimamente nada le ayudaba a dejar de pensar en Verónica. Esa mañana, mientras se preparaba el té y charlaba con Carlos, Álvaro entró en la cocina de los ejecutivos sonriendo y preparándose para alguna de las suyas. Como dos robots, Álex y Carlos dejaron de hablar en cuanto le vieron entrar.
—No, por favor, no quiero interrumpir —dijo Álvaro ante el repentino silencio de sus compañeros— Álex, ¿cómo estás?
—¿Disculpa? —respondió Álex a la extraña pregunta.
—Digo, con todo lo que pasa en casa...Verónica me lo ha contado.
Carlos notó la tensión de Álex casi al instante. Este avanzó unos pasos pero Carlos le detuvo. Estaba tan enfadado que olvidó por completo que estaba en el
trabajo. Álvaro retrocedió unos pasos al fijarse en la ira que se reflejaba en los ojos de su compañero, pero aun así decidió clavar los pies al suelo y levantar el mentón ante su amenaza, aprovechando la interrupción de Carlos y salvaguardándose por el lugar en el que estaban, provocando a Álex con una irónica sonrisa.
Por suerte para Carlos, Luis apareció y encontró la tensa situación casi al límite. Adivinando lo que pasaba se apresuró a pedirle a Álex que abandonaran el lugar, pero no sin antes felicitar a Álvaro por su último proyecto.
***
No sabía exactamente qué le había contado Verónica ni qué profundas eran las cosas que su mujer le había contado a Álvaro, pero los celos le estaban quemando por dentro. No tenía ni idea de cómo podría aguantar todo el día sin dirigirse al despacho de Álvaro y reventarle la cara.
—Tranquilízate —le dijo Carlos una vez que llegaron a su despacho.
—¿Cómo esperas que lo haga con ese cabrón tocándome las pelotas?
— Bueno, ya da igual. Si le has pedido el divorcio a tu mujer tendrás que acostumbrarte a que tenga confianzas con otros hombres.
—Pero aún estamos casados y aun así... No con esa rata.
—¡Qué más da! ¿No? Digo, si a la que quieres es a Elisa —dijo Carlos levantando los hombros.
—Es mi mujer y tú qué sabes si la quiero o no. Me casé con ella... ¿o no?
—Sí, pero para acercarte a la otra.
—¡Da igual! ¡Es mía!
—Tío... Quijote veía monstruos donde el mundo veía molinos. No sé qué ves tú, pero solo lo ves tú.
Álex solo pensaba en volver sobre sus pasos y sacarle a golpes cualquier tipo de información que Verónica le hubiera podido decir a Álvaro. Ajeno a todo el remolino de sentimiento que sentía en ese momento el hombre, José entró al despacho y le hizo saber del requerimiento de su presencia en el despacho de Luis.
Al entrar al despacho de su jefe, este le invitó a sentarse frente a su escritorio. La escena que Luis había presenciado no le había gustado nada e iba a aprovechar el momento para cortar con todo ese tipo de comportamientos de raíz. Aunque conocía lo pesado que podía llegar a ser Álvaro, últimamente Álex no era el mismo.
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Los ricos no lloran
عاطفيّةAlejandro Baeza es un hombre de orígenes humildes, gracias a su inteligencia y trabajo duro consigue salir de su pueblo natal y mudarse a la gran ciudad junto a su hermano pequeño. Es un hombre ambicioso, trabajador y testarudo. Está acostumbrado a...
