Capítulo 8

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María entró corriendo a la mansión. En el vestíbulo no vislumbró a nadie, así que optó por seguir adelante desoyendo las voces de su madre que la instaban a que la esperara. María estaba decidida a encontrar a su abuelo, siempre parecía estar jugando al escondite con ella, así que no dudó en mirar en todas las habitaciones que pudiera antes de ser alcanzada por su madre. Antes de dar por fracasada su misión finalmente alcanzó a escuchar la voz de su abuelo. La voz parecía provenir del despacho privado de Francisco, así que la pequeña no dudó y corrió a su encuentro.

Al llegar al despacho y abrir la puerta María se paró en seco por el susto de lo inesperado, junto a su abuelo había un hombre muy alto que la miraba directamente haciendo que retrocediera instintivamente. La pequeña buscó a su abuelo con la mirada para protegerse.

Francisco miró a su nieta e intentó tranquilizarla, levantó los brazos para que se acercara, pero la pequeña tardó bastante en avanzar los pocos pasos que le distanciaban de su abuelo. Detrás de ella finalmente llegaba Elisa con el resto de las cosas de la pequeña.

Elisa advirtió la presencia de Álex. No estaba segura de cómo reaccionar, pero decidió apartar todas las maldiciones que se le pasaban por la cabeza en ese momento y coger el toro por los cuernos.

—Hola, buenas tardes —dijo intentando aparentar tranquilidad.

—Hola, hija. Hoy me traje el trabajo a casa, le pedí a Álex que me ayudara a poner en orden algunas cosas. Al final sacamos algo bueno del matrimonio.

Álex ignoró la indirecta de Francisco y devolvió el saludo a Elisa. Estaba claro que para ese hombre nadie estaba a la altura de ser su nuero, pudo comprobar que aligeró el peso que venía cargando Juan al tener a ese hombre como suegro.

María besó la mejilla de su abuelo y evitó el saludo a Álex, aunque se lo había pedido su abuelo. Para Álex, el comportamiento tímido de la niña, aunque común y esperado, parecía irónico. ¿Era posible que esa pequeña pudiera leerle el pensamiento y supiera la que estaba intentando hacerle a su «papi y mami»?

Elisa se acercó a su padre y cogió a su hija que estaba en brazos de su abuelo, hizo una ligera reverencia con la cabeza y se llevó a la pequeña usando la excusa del trabajo que estaban realizando los hombres. Elisa podía sentir la transversal mirada de Álex, esa mirada que la había controlado durante su adolescencia y los años no habían hecho más que aumentar su desesperante efecto en ella.

Álex salió del baño y cerró la puerta tras de sí. Solo comía de aquella manera en la casa de los Monte Negro. La verdad es que nunca podía evitarlo, la comida de Helena le recordaba siempre a la de su madre. El susto inicial se pasó a los pocos segundos de encontrarse con lo que al principio parecía un pequeño espectro. María se había asustado al percatarse de la tensión de Álex. Después de unos instantes él se acercó a la pequeña y se puso a su altura, hincando una rodilla al suelo.

—Me has asustado. ¿No estás con mamá?

—Tengo que lavar las manos.

—¿Sí? ¿Te ayudo?

Elisa llamó a María para que se acercara a ella, había sido tan sigilosa que ninguno de los dos reparó en su presencia. La niña fue hasta su madre que le indicó que fuera hasta la cocina a lavarse las manos con la ayuda de alguna de las sirvientas.

—Es espabilada. Me recuerda a mí.

—¿Sí? A mí me recuerda a su tía.

—¿Podemos hablar? —preguntó Álex moderando la voz.

Los ricos no lloranDonde viven las historias. Descúbrelo ahora