No podía creerlo. Me habían dado la oportunidad de mi vida y yo la estaba desperdiciando como una estúpida.
Hoy era primero de septiembre, el día en que las puertas de la Academia de Artes se abrían nuevamente. Había luchado con uñas y dientes durante los últimos meses para conseguir un lugar, y ahora que finalmente lo lograba, lo arruinaba todo llegando tarde. Era apenas el primer día y ya me había ganado un regaño de la profesora de canto. Simplemente genial.
Caminé a paso apresurado por los pasillos, aferrada a un pequeño mapa —si es que aquel garabato podía llamarse así—. Era un dibujo improvisado con los nombres de las clases y los niveles del edificio donde se encontraban. Al fin, tras varias vueltas innecesarias, me detuve ante una puerta que enmarcaba: Aula 2: Danza.
Por lo menos a esta clase sí había logrado llegar a tiempo. Empujé la puerta con cautela para no interrumpir, y lo primero que encontré fue el rostro de dos chicos sentados en el suelo, ambos con el ceño fruncido en un gesto de concentración. Me quedé allí, estática, con la expresión de quien no tiene idea de dónde está parada. Tras un minuto de silencio que se sintió eterno, el pelinegro se levantó.
—Hola, debes de ser nueva, ¿verdad? —dijo, plantándose frente a mí. Su expresión cambió por completo y ahora me sonreía con la calidez de un niño pequeño—. No te quedes ahí, vamos, entra. Todavía falta para que lleguen los demás.
En ese instante caí en la cuenta: me había vuelto a equivocar con el horario.
—Perdón, es que soy nueva en la academia y los horarios todavía no entran en mi cabeza —expliqué con cuidado, sintiéndome tonta por dar detalles de mi vida que probablemente no les interesaban.
—No te preocupes —intervino el otro chico, quien se había puesto en pie junto a su amigo—. Es bueno llegar temprano. Además, como dijo Jimin, no falta mucho tiempo. Solo unos minutos —añadió con una sonrisa amplia y delicada que me hizo sentir bienvenida.
Al menos ellos eran amables. Empecé a pensar que quizás no me iría tan mal en este lugar.
—Mucho gusto, mi nombre es Jung Hoseok —me extendió la mano con energía—, y el que está a mi lado es Park Jimin —señaló al más bajo.
—Mucho gusto, chicos. Soy Lee SuMin —les devolví la sonrisa, sintiéndome un poco más relajada.
De pronto, un estruendo proveniente de la entrada captó nuestra atención. Los tres giramos la cabeza al unísono y vimos a un chico de cabello castaño entrar al salón como un torbellino.
—¡Chicos, chicos! —exclamó, dirigiéndose a ellos sin aliento—. El profesor ya viene. Hoy elegirá al grupo que representará a la escuela en la competencia. Tenemos que estar listos.
Pasó por mi lado como si yo fuera invisible; estaba demasiado absorto en su urgencia como para notar mi presencia.
—¿Qué coreografía haremos? —preguntó Jimin, contagiándose de la tensión.
—La principal, por supuesto —respondió el castaño sin dudar.
—No, JungKook —reaccionó Hoseok. ¿JungKook? Así que ese era su nombre—. No haremos esa. Bailemos una más sencilla; si intentamos una que pueda hacernos caer, estaremos fuera. Sabes perfectamente que aún no controlamos todos los pasos de esa secuencia.
JungKook se giró para mirarlo con severidad. Aunque no entendía del todo de qué competencia hablaban, era evidente que no estaban de acuerdo.
—Hoseok, no es así. Si presentamos una coreografía difícil, el profesor quedará impresionado y ganaremos. ¿No lo entiendes? Es nuestro punto fuerte —insistió JungKook.
—¿Tú qué opinas? —Hoseok se dirigió a Jimin buscando un desempate.
—No lo sé... tú eres el líder, decide tú.
Hoseok guardó silencio por un momento, debatiendo internamente mientras los otros dos lo observaban con expectación. En ese breve paréntesis, el castaño pareció notar finalmente que yo estaba ahí. Se detuvo y me miró fijamente durante unos segundos, con las manos en la cintura y una expresión difícil de descifrar.
—Hola, soy Lee SuMin —lo saludé, intentando proyectar entusiasmo.
Él se limitó a fruncir el ceño.
—Qué bien —contestó con total indiferencia.
Ignoró mi mano extendida y regresó su atención a Hoseok. Bueno, estaba claro que no todos en la academia eran educados.
—¿Y bien? ¿Qué decidiste? —presionó a su amigo.
—Haremos lo que quieres —cedió Hoseok finalmente.
—¡Sí! —festejó el castaño, recuperando el ánimo.
(...)
En poco tiempo, el salón se llenó por completo. El aire se cargó con la energía de decenas de jóvenes dispuestos a luchar por sus sueños. El grupo de los tres chicos se sentó al fondo, aprovechando los últimos segundos para repasar los detalles de su presentación.
—Buenos días, chicos —anunció un hombre de unos veintiséis años al entrar al aula—. Creo que todos saben perfectamente a qué hemos venido hoy, ¿verdad?
La respuesta fue un estallido de gritos y silbidos llenos de entusiasmo.
—Muy bien, entonces empecemos con el primer grupo —sentenció dando dos palmadas.
Un grupo de cinco chicos pasó al frente. En cuanto la música empezó, me quedé boquiabierta; sus movimientos eran precisos, potentes... eran demasiado buenos. El síndrome del impostor me golpeó de inmediato: ¿Qué demonios hago yo aquí?
Los grupos fueron pasando uno tras otro, hasta que llegó el turno de Jimin, Hoseok y JungKook. Estaba ansiosa, pero también nerviosa por ellos.
Cuando la música arrancó, quedé hipnotizada. Jimin se movía con una frescura increíble, como si el baile fuera algo tan natural para él como respirar. Hoseok, por su parte, me dejó atónita; parecía no tener huesos, moviéndose con una fluidez imposible mientras mantenía una sonrisa radiante que contagiaba su pasión.
Y luego estaba JungKook, el centro de la formación. Su fuerza, su técnica y la intensidad de su expresión facial hacían que fuera imposible quitarle los ojos de encima. Estaba convencida de que ellos ganarían; estaban a otro nivel.
Sin embargo, justo cuando llegaban al clímax de la coreografía —una cargada donde JungKook debía elevar a Jimin mientras Hoseok se agachaba—, algo salió mal. La coordinación falló y Jimin terminó desparramado en el suelo. El corazón se me dio un vuelco del susto, pero me tranquilicé al verlo ponerse en pie rápidamente.
—Lo siento —dijo Jimin, bajando la cabeza con tristeza—. Fue mi culpa. ¿Podemos repetirlo? —suplicó.
—Déjenlo así, chicos, estuvieron muy bien —intervino el profesor, cortando cualquier esperanza de repetición. Revisó sus notas con parsimonia—. Bien, ya tengo el nombre del grupo que irá a la competencia. Ellos son: MXB.
El segundo grupo en presentarse, compuesto por dos chicas y tres chicos, saltó de alegría celebrando su victoria. Mi corazón se hundió por los chicos del fondo.
—Y ahora —continuó el profesor, fijando su vista en mí—, es el turno de nuestra nueva estudiante.
Oh, no.
ESTÁS LEYENDO
This Love; jjk
Fan-FictionA JungKook le encantaba molestarme, y a mí me encantaba él. Portada: @_xYoungOnce. Publicada: 16-05-2019
