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​Oh no, esto no puede estar pasando. Dios, ¿y ahora qué va a suceder? Siento que el aire se escapa de mis pulmones; no quiero verlo, no quiero ser testigo de esto. JungKook permanece allí, de pie, mirándolos con una expresión de devastación absoluta. Sus manos están apretadas en puños tan tensos que los nudillos le blanquean, conteniendo una tormenta de rabia y dolor.

​Jimin se percató de nuestra presencia en ese instante. Su mirada reflejaba una herida igual de profunda. Yo lo sabía; sabía cuánto se había esforzado Jimin para evitar que este momento llegara, pero el destino es cruel y el secreto finalmente estalló. Al ver el estado de JungKook, supe que nada de esto terminaría bien.

​—¿Qué… qué es esto? —logró articular JungKook, con la voz rota y entrecortada. Sus ojos viajaron de Rosé a Jimin, cargados de una incredulidad punzante—. ¡Dime, Jimin! ¡¿Qué demonios es esto?!

​—JungKook... no, por favor, no es lo que estás pensando —balbuceó Jimin, desesperado—. Puedo explicarlo, te lo juro. Hablemos, por favor…

​Jimin intentó acercarse, buscando una conexión, pero JungKook reaccionó por instinto y lo empujó hacia atrás con una violencia tal que lo hizo caer pesadamente al suelo.

​—¡Jimin! —exclamé, corriendo hacia él para auxiliarlo.

​Al ayudarlo a incorporarse, noté que sus codos sangraban por la abrasión del golpe contra el pavimento. Él no se merecía esto; no había hecho nada malo. Mi indignación creció y encaré a JungKook.

​—¿Por qué no dejas que te explique? ¿No es tu amigo? Deberías confiar en él antes que en cualquier otra cosa, no te ciegues pensando que es el culpable —le recriminé, con el corazón acelerado.

​—¿Quién demonios te pidió que te metieras? —me espetó él, con una mirada gélida que prometía peligro—. Esto no es asunto tuyo. Piérdete antes de que pierda la cabeza.

​Me amenazó directamente, pero me quedé allí, firme. No iba a dejar que su furia me amedrentara. Entonces, tras un silencio sepulcral, Rosé finalmente habló.

​—JungKook —dijo ella, con una frialdad que me erizó la piel—. Me gusta Jimin. Siempre me ha gustado él. Por eso me hice tu novia: solo para estar cerca de él.

​Me quedé helada. Por Dios, esa chica de verdad no tiene corazón. ¿Cómo es posible que soltara una confesión tan cruel, así de frente, ante el chico que le entregó todo su afecto? JungKook la miró con los ojos anegados en lágrimas, mordiéndose el labio en un gesto de agonía contenida. De pronto, soltó una risa amarga, carente de alegría.

​—Así que eso es todo... nunca me quisiste —susurró. Aquellas palabras, aunque dichas en voz baja, pesaban más que cualquier grito.

​—No —respondió ella sin un ápice de arrepentimiento.

​Sin decir una palabra más, JungKook se dio la vuelta y comenzó a alejarse. Ver su espalda, tan solitaria y derrotada, hizo que mi propio corazón se fragmentara. ¿Por qué me dolía tanto? No es mi problema, JungKook no es nada mío y, para colmo, me odia. Entonces, ¿por qué siento que su dolor se filtra en mis venas como si fuera propio?

​—Tengo que ir a hablar con él —Jimin se puso de pie con dificultad—. Yo... tengo que explicarle, él tiene que creerme.

​Sus manos temblaban sin control y las primeras lágrimas surcaron sus mejillas.

​—Está bien, Jimin. Él te creerá —le dije, tratando de transmitirle una calma que yo misma no sentía. Sequé su rostro con suavidad—. No llores, ¿sí? Todo se va a arreglar.

​Lo estreché en un abrazo. Sabía perfectamente lo que era sufrir por el miedo a perder a un mejor amigo. Lloré tantas noches pensando que jamás volvería a ver a YoonGi que el vacío de Jimin me resultaba familiar. Era un dolor que te quema por dentro.

This Love; jjkHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora