—Ves... a eso me refería.
¡Ahhh! Esas malditas palabras no salían de mi cabeza, repitiéndose como un eco tortuoso. ¿Qué demonios le pasaba a JungKook? ¿Qué le había hecho yo para que me tratara como si fuera una estúpida? Ni que fuera el centro del universo o el hombre más guapo de la tierra... Bueno, guapo sí era; demasiado, para ser honesta. Últimamente me había descubierto a mí misma detallando cada rasgo de su rostro: sus ojos grandes y expresivos que le daban un aire adorable, casi infantil, y esos labios rosados que eran tan...
—¡Pero qué estoy haciendo! —me recriminé en voz alta, sacudiendo la cabeza.
No podía creer que estuviera perdiendo el tiempo pensando en él de esa manera. Me estaba volviendo loca, definitivamente. No podía permitirme sentir algo por alguien que ni siquiera me registraba; sería una verdadera idiota si caía en su juego.
Me levanté de la cama de un salto y bajé las escaleras, pero me quedé petrificada a mitad de camino, como una estaca clavada en la madera. Allí, en el umbral de la puerta y frente a mi madre, estaba él. ¿Qué hacía ahí? Se suponía que estaba a miles de kilómetros de Corea.
—¿Te vas a quedar ahí pasmada? —me preguntó, arqueando una ceja con su habitual expresión de suficiencia—. Llevo horas encerrado en un avión y ni siquiera te dignas a venir a saludarme.
Bajé los últimos escalones a toda prisa y me abalancé sobre él con tanta fuerza que casi terminamos los dos desparramados en el suelo.
—¡Oppa! —grité con una sonrisa de oreja a oreja.
—Sí, sí, abrázame ahora después de mil años —refunfuñó con una mueca, aunque me dio un golpecito cariñoso en la cabeza. No había cambiado ni un ápice; seguía siendo el mismo Min YoonGi de siempre.
—Es que me quedé en shock —respondí parpadeando varias veces, como si necesitara procesar su presencia—. De verdad creí que estaba viendo a un fantasma.
—Oye, ¿no eres ya lo bastante mayor como para seguir creyendo en fantasmas?
—Cállate, es solo un decir.
(...)
Mi querido Oppa había regresado a Corea, y esta vez, para quedarse. La mayor parte de su vida se la pasaba de un lado a otro por los negocios de sus padres, pero ahora que era mayor de edad, finalmente podía tomar sus propias decisiones. No podía estar más feliz; cada vez que se marchaba, me invadía una tristeza profunda, al punto de pasar meses encerrada solo por el vacío que dejaba su ausencia.
YoonGi siempre había sido el pilar de mi vida, el hermano mayor que nunca tuve. Lo conocí cuando yo tenía diez años y él se mudó frente a mi casa. En aquel entonces, mi pasatiempo favorito era andar en bicicleta por su acera; él solía reírse de mis aparatosas caídas hasta que un día, quizás por aburrimiento o por lástima, decidió enseñarme a mantener el equilibrio. Así nació nuestra amistad.
Fuimos vecinos durante tres años, hasta que sus padres decidieron mudarse de nuevo. Nunca había odiado tanto a nadie como a ellos en aquel momento. Con el tiempo, aquel chico de quince años me llamó para decirme que vendría a verme, pero resultó ser otra despedida, lo que me provocó una nueva crisis de berrinches infantiles. Ha pasado mucho tiempo desde entonces, y hoy, con él cumpliendo los veinte y yo los dieciocho, finalmente lo tenía de vuelta. Lo había extrañado demasiado.
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This Love; jjk
FanfictionA JungKook le encantaba molestarme, y a mí me encantaba él. Portada: @_xYoungOnce. Publicada: 16-05-2019
