6: ¿Amigo?
Asentí con una gran sonrisa en mi cara a su comentario y salí del auto. Mi hermana me gritó desde el interior que si llegaba a rayar a su "bebé" iba a pagar caro, aso que cuando me tocó ir a por mis maletas fue con sumo cuidado.
Hasta que un imbécil tocó su bocina y me hizo sobresaltar, provocando que la maleta repleta de mis hermosos libros cayera al suelo, desparramándolos. Gemí y caí de rodillas al azfalto para juntarlos. Se iban a ensuciar, y romper, y ensuciar, y romper, y nunca más los podría leer, y romper. Maldita sea, me había vuelto paranóica.
Cuando vi un par de manos tratando de ayudarme, bufé otra vez.
-Jodido idiota, me las va a pagar. Mi primer día aquí y empiezo mal. Todo gracias a él. Bocinas, bocinas, que se meta su bocina en el...-levanté la mirada y abrí mis ojos al no ver a mi hermana... sino al chico más hermoso del planeta entero frente a mi cara, con mi libro favorito en sus manos.
-Nunca pensé que ser idiota traería algo más que insultos... pero mírame. He aquí siendo insultado... por una belleza!
De pronto sentí que el calor subía por mi cara y debía bajar la mirada para no toparme con sus ojos llenos de diversión. Extendioó su mano con mi libro, el cual tome de inmediato para guardar en mi maleta y comprobar que mi hermana se había fugado y yo sabía a donde.
Habian dos starbucks en cada cuadra. Londres estaba repleto de hipsters y mi hermana no se quedaba atrás. Cafeína, una droga.
Su mano seguia en el mismo lugar, y cuando fruncí el ceño y lo miré confundida, caí en cuenta de que era para que la estrechara. No pude evitar sonrojarme y la tomé. Él sonrió.
-Soy Samuel. Samuel Herroy.-Asintió en mi dirección.
-Evangelina Egea. Soy nueva-sonreí y el rió.
-Sí, mientras me insultabas creo que lo mencionaste.-Sonrió con diversión y mire algo ruborizada mis manos.
-¿Tú... eres nuevo también?-Él me miró, tomó mis maletas -excepto la de mis libros. Esa la abrazaba yo fuertemente- y comenzó a caminar. Al menos conocía a alguien "amable", si así se le podría decir. Lo seguí.
-No, éste es mi segundo año aquí.-Sonrió mirándome de soslayo. Asentí y entré con él a la academia. Cuadros de grandes artistas estaban colgados en las gigantes paredes de color crema. Mi boca se abrió cuando observé el candelabro. Había leído sobre él. 2970 diamantes estaban incrustados ahí. Sonreí. Había incluso hasta oro. Había pasado de generación en generación. La hija de la señora Jerkoby se haría cargo en un futuro del calendabro, igual que con la academia.
-¿Cuál es tu baile preferido?-Pregunté mirando al suelo.
-Breakdancing. ¿El tuyo?-Sonrió. Me estaba acostumbando a sus sonrisas.
-Mmm...-Pensé unos segundos antes de contestar.- Ballet, danza árabe, danza española, flamenco, salsa, tango...-Él me cortó y noté que trataba de contener una carcajada.
-¿Uno en especial?-Preguntó mientras subía las escaleras. Asentí.
-Quizás el ballet. Pero.. es demasiado, no lo sé. Me gustaría algo un poco menos... exigente.-Fruncí el ceño confundida por mis propias palabras.
-Deberías probar el jazz.-Samuel se paró frente a la estatua de un cisne entre dos pasillos. Le miré.
-Seguiré tu recomendación.-Asentí con una sonrisa. Él sonrió a cambio.
-Bien, solo puedo llegar hasta aquí. No puedo pasar las fronteras aunque quisiera. ¿Crées poder con tus maletas hasta la habitaciñon que te indicaron?
Asenti. Claro que podía, no era una niñita o inválida, Dios. tomé mis maletas.
-¡Nos vemos luego, Samuel!
-Fue un gusto conocerte, Evangelina.-Besó mi mejilla y sentí escalofríos... pero me gustó.
-Gracias por ayudarme con las maletas y... lamento lo de los insultos.-Lo miré haciendo una mueca que, cuando el me miró, se convirtió en sonrisa.
-No hay problema. Esperaba esa actitud. Nos vemos luego.-Caminó a las escaleras y bajó. Suspire y sonreí enormemente.
-¿Tengo un amigo?-Pregunté en voz alta y caminé con todas mis maletas a mi habitación.
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Dance before die (resubido)
Teen FictionJason Windsor nunca pensó que con su frío y arrogante carácter iba a conquistar el cálido corazón de Evangelina Egea. Tampoco pensó que alguien iba a arrebatársela sin haberla tenido siquiera. Porque el aseguraba que nadie iba a prohibirle algo al f...
