14: Blanquito.

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14: Blanquito.

-¡Volvió! ¡Todos a sus habitaciones!-Gritó un hombre muy viejo como para que le hicieran caso. Todos seguían hablando sin cesar y nosotros tres seguíamos mirándonos.

Y yo estaba bastante incómodo.

-No nos pudimos presentar antes.-Comenzó ella. Volví a verla y traté de ignorar su apariencia que me hacía creer que era una niña.- Soy Evangelina.

Estiró su mano hacia mi. Vi sus uñas mal pintadas de rojo y me dio asco tocarla. Asentí para poder omitir el saludo.-Soy Jason Windsor, aunque supongo que ya me conoces.-Sonreí.

Siguió mirandome y convirtió una mueca en una risa. Fruncí el ceño.

-Nope, no te conozco. Aunque ahora si. Eres Jason Windsor.

La mire con obviedad. ¿Bromeaba? Apesta con las bromas.

-Yo soy Samuel.-Dijo el intruso de mi habitación y de este momento. Rodé los ojos.

-No te pregunté.-Respondí bruscamente, tratando de que ambos se alejaran de mi camino y me dejaran volver a mi habitación a dormir. Espera, no necesito esperar a que ellos se vayan. Yo soy más importante. Sonrío con autosuficiencia y me digno a voltear y a caminar para regresar a mi cama.

Siento sus miradas en mi espalda y puedo adivinar que la incredulidad no las abandona. Sigo con una sonrisa y subo a cuestas la escalera repleta de gente mugrienta que de seguro no se lavó siquiera sus dientes. De solo pensarlo me dan ganas de cortarme la nariz y parecer algo como Voldemort.

Sin pedir permiso empujo a los que obstruyen mi paso y al final entro a mi apestoso dormitorio. Tengo ganas de juntar con una pala toda la suciedad que Samuel dejó y tirarla por la ventana, pero me daría pena por la gente que va pasando por la calle y tiene la desgracia de oler a ese homo sapiens.

Río por la mentira que dije. No me importaría en lo más mínimo si otros tienen que sufrir para que yo deje de lidiar con esto. Mordisqueo mi piercing divertido y entro a mi recámara. Un olor peor al anterior impregna mis narices y me obliga a salir en milésimas de segundos afuera.

-Joder, ¿éste hombre no sabe lo que es el jabón?

Después de gastar 10 latas de perfume y 5 aromatizantes, me tiro a mi cama. Suelto un largo suspiro y descanso mis ojos. Pero no por mucho.

-Maldición.-Mascullo. La jodida alarma interrumpe mis pocos segundos de placentero sueño y lo único que me atrevo a hacer es a lanzar un puñetazo al reloj. Cuando para de sonar al instante del impacto, me doy cuenta de que rompí el décimo reloj del mes.

Me levanto (de vuelta) y me cambio de ropa. Algo que detesto es usar la misma ropa por más de dos horas. Es ridículo que la gente te vea siempre con la misma ropa. Obviamente pensarían que soy pobre o algo parecido. Y no.

Me peino como siempre y noto que no sé qué tengo que llevar a mi primera clase. Tampoco sé qué clase tengo primero. Me apresuro a buscar el papel con mis horarios pero no lo encuentro.

-Joder, joder.-Repito tironeando de mi cabello. Estoy en problemas y lo sé, lo tengo más que claro. Me siento en mi cama. Es como la quinta vez que lo hago. Golpeo mi frente y niego con la cabeza. Venga, no me dirán nada, soy Jason Windor. Soy la única persona importante en éste apestoso sitio. Me apresuro a salir de el dormitorio y camino con rapidez por el pasillo, el cual está impresionantemente vació. Bajo las escaleras corriendo y miro por las paredes en busca de algún cartel que señale mi camino.

-Bingo.-Sonrío con entusiasmo al encontrar un pedazo de metal verde con una flecha hacia una puerta. La abro y sigo caminando. Grandes ventanales me permiten ver a algunos estudiantes charlando animadamente afuera. Me pregunto por qué no están en sus clases, pero retiro la curiosidad enseguida cuando encuentro una puerta que dice con grandes letras verdes "Breakdance". Entro atropelladamente y me quedo quieto en mi lugar al ver a mi peor pesadilla.

Samuel. Y no está solo.

-Hola, blanquito.

Dance before die (resubido)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora