5: Jugadores.

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5: Jugadores.

Evangelina, 5 días más tarde:

El recorrido al aereopuerto fue culminado por los llantos de mi madre. Papá sonreía nostágicamente, lo más probable recordando cuando Layna se fue hace 4 años. Yo mantenía mis brazos alrededor de ella en un fuerte y tierno abrazo.

Cuando llegamos, mamá no quiso separarse de mi lado en ningún instante. Cuando llegó el momento de decir diós, papá la abrazó mientras me decía que me cuidara mucho, que me extrañarían, que llamara, etc.

Me dolió ver llorar a mamá, pero era algo por lo que debía pasar si quería viajar a Londres. En mi bolsillo papá había dejado la dirección de mi hermana para que fuera a visitarla así tendría al menos un conocido allá.

Cuando estaba subiendo al avión -porque me negué a que papá alistara su jet. Quería viajar como alguien normal, tal y como lo sería en la academia. Uno más.- papá extendió su brazo y sarandeó su mano mientras gritaba que enviara e-mails. Sonreí mientras me despedía de igual forma hasta que tuve que entrar por completo. Me senté en mi asiento de primera clase -porque sí. En esa discusión papá se negó a perder- cuando una azafata me sirvió una copa de una botella de vidrio que tenía grabado la peor cosa que existe en el mundo: Whiskey.

-Eh... disculpe, yo no pedí eso.- La mujer me miró y frunció el ceño.

-¿Qué edad tienes?-Preguntó.

-17...-Contesté como si estuviera confundida acerca mi edad.

-Oh... ¡niña, lo lamento!-La mujer lucía avergonzada así que sonreí tranquilamente.

-No se preocupe, solo fue un pequeño malentendido.

La azafata me miró por un instante, sonrió y luego de quitar ese endemoniado líquido se retiró para seguir atentiendo a los demás pasajeros de primera clase.

Me abroché el cinturón de seguridad y me aseguré que mi celular estuviera apagado para luego poder sumirme en un placentero sueño.

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Desperté gracias al toque de la azafata de hace unas horas. Sonrió amablemente mientras articulaba un hemos llegado. Bostecé levantándome y me apresuré para bajar y tomar mis maletas. Comencé a desviar mi mirada a la gente con carteles en sus manos. Miré por las dudas de si encontraba a alguno con mi nombre hasta que di en el clavo. Un lindo y grande cartel con brillos rojos y mi nombre escrito en negro... y por supuesto, mi herana detrás. Chillé, dejé mis maletas ahi mismo y corrí a ella para estrecharla en un gran abrazo.

-¡Rubia, estás aquí!-Medio-gritó ella. Reí con locrura abrazándola hasta casi dejarla sin aire.

-Te extrañé tanto, Lay...-Sonreí.

Compartiento abrazos y risas, juntas fuimos hasta su nuevo y lujoso Mercedes. Entré y, cuando me abroché el tercer cinturón de seguridad en lo que iba del dia, temí por mi vida.

-Lay, ¿cuándo conseguiste tu licencia de conducir?-Pregunté aferrándome al asiento.

Ella movió su mano con desdén, restándole importancia. Ignore el trayecto ya que nuestras estúpidas charlas llenaron mi mente en poco tiempo. Cuando estacionó frente a la academia, mis ojos destellaron y la mire con una emoción intocable.

-Rubia, ¿me llamas luego?-Preguntó, usando otra vez ese molesto apodo. Bufé, como bufaría hasta el día en que termine su molesto hábito.

Comenzó con esa manía cuando cumplió seis años. Empezó llamándome ricitos de oro, pero al ver que mi cabello comenzo a alisarse... no le vio sentido a seguir usándolo. Pero a cambio me llamaba rubia. No entendía por qué ya que gracias a mi pubertad era morena...

Cosas de Layna.

Dance before die (resubido)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora