La manita de Minyul cogía con poca destreza la cera color cian, y pintaba sin preocuparse si se salía de la raya o no. Estaba tirado en el suelo boca abajo, con los pies descalzos en el aire y muy concentrado, a su lado Wonsik lo miraba con el ceño fruncido, desesperándose a cada rato. La conversación que habían mantenido el niño de tres años y el hombre de veinticinco, era surrealista, ya que el más pequeño no entendía por qué debía pintar el agua de color rosa, cuando de siempre era azul, y que la única respuesta que recivía era que el dibujo sería muy aburrido.
La extraña pero adorable escena era observada por Taekwoon desde uno de los sillones a su lado, y por algún motivo se sentía muy feliz. Llevaban dos días en casa de su hermana, dedicando sus mañanas a ayudarla en los quehaceres de la casa y compartiendo momentos que realmente echaba de menos con ella, como el poder hablar sin tener que esconderse de sus padres.
Por eso la primera mañana que ambos madrugaron, Sora aprovechó que todos dormían para preguntar a su hermano por el significado de las miradas que se dedicaba constantemente con Wonsik, y Taekwoon solo se delató enrojeciendo como siempre, era imposible ocultarle nada, tenía un sexto sentido para ello.
- Así que ¿Compañeros de trabajo? – Asintió. - ¿Y que hace exactamente en tu empresa? – Por suerte tenía la respuesta preparada para coincidir con Wonsik.
- Se dedica a la maquetación, a diseñar y colocar las páginas de la revista.
- Ya... - La vio sonreír. - ¿Y qué me dices de esto? ¿También te lo ha diseñado a ti? – Y le señaló el cuello.
Se había olvidado por completo de la marca, su camiseta ancha para dormir reveló sin errores lo que quería disimular durante el tiempo que estuviera allí. Notó su cara arder y se tapó como pudo las señales moradas causadas por la boca de su pelirrojo, le encantaban, pero era vergonzoso mostrarlas delante de su hermana.
- Taekwoon, a mí no puedes mentirme, he visto como os miráis. ¿Te gusta, verdad?
- Sí. – Lo dijo tajante, no lo iba a negar.
- ¿Mucho?
- Lo suficiente como para estar asustado.
Se apoyó en una de las mesas, derrotado y con ganas de llorar, lo estaba admitiendo en voz alta. En su tiempo, se juró a si mismo que no le pasaría con él, ya que Wonsik no era el chico perfecto que alguna vez imaginó, sino todo lo contrario, con personalidades opuestas y pensamientos muy distintos. Pero tal vez fue aquello lo que lo hizo experimentar esa explosión en el pecho cada vez que lo miraba, o las famosas mariposas estomacales al oír sus carcajadas.
- ¿Y él se siente igual? – Su hermana repitió las palabras que su cabeza realizaba todas las veces que Taekwoon se derretía ante él.
- No lo sé.
Tenía claro que los dos se gustaban, de hecho, Wonsik se lo había confesado aquella vez sobre el sofá rojo, pero conforme pasaron los días, Taekwoon notó como el interés por su parte incrementaba poco a poco, transformándolo en aquello que la gente llamaba amor.
Se había enamorado por completo de él.
Por eso se colocó la mano en el pecho cuando lo volvió a observarlo, sentado al lado de su precioso sobrino, comprobando lo que sucedía con sus latidos y de nuevo preguntándose, si Wonsik también podría llegar a sentir lo mismo.
Había actos o gestos que compartía con él que lo hacían tener algo de esperanza, como la delicadeza con la que sostuvo su mano de camino en el tren sin motivo o incluso en la comida, cuando se enteró que el Japchae* que preparaba su hermana era su favorito, y le colocó los últimos trozos en su plato.
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Tu toque de Color
Fanfiction"Todos necesitamos un toque de color en nuestras vidas..." Ravi Pero en la de Wonsik no había ninguno... y le encantaba el de Taekwoon. Hyuk también tenía uno... pero era inalcanzable. Hakyeon lo había encontrado... y se negaba a admitirlo. 🌟HISTOR...
