Si Wonsik tenía que encontrar la palabra adecuada para describir a Taekwoon, era inspiración. Aquel chico sencillo, al que echaba en falta sus gafas rojas que le vio el primer día, había resucitado en él algo que creía muerto. Aun sentía como se dejaba llevar en el beso, pues su notoria falta de experiencia hizo que le pareciera de lo más adorable, y él estaba dispuesto a ayudarlo a volverse un experto.
El pequeño Bootie lo miraba desde el suelo mientras Wonsik se subía la cremallera de su chaqueta de deporte color lila, y terminaba de ponerse las bambas. Metió en la mochila los utensilios necesarios para su nueva aventura, pensando a la vez en su pelinegro, y con la adrenalina del momento corriendo por sus venas.
Después de que Taekwoon se fuera de su casa aun sonrojado, las noticias que de nuevo aparecieron en su pantalla, lo hicieron buscar las pinturas guardadas en su habitación y hacer que Hyuk lo esperara en el muro que había cerca del colegio de primaria a las tres de la mañana. Su amigo lo advirtió de que era una locura, pero él solo conocía el lado divertido de aquella palabra, así que con una sonrisa cerró la puerta y se dirigió al punto de encuentro.
Las calles de Seúl estaban vacías excepto por el hombre con uniforme que seguramente volvía a su casa después de las horas extras, o el puesto en la calle con la típica barbacoa y dos amigas bebiendo soju que se lamentaban de la infidelidad del novio de una de ellas. Cruzó la calle donde estaban las tiendas y supermercados decorados con nieve artificial junto con luces parpadeantes, y Wonsik recordó que no quedaba nada para las navidades, una fecha que tal vez gustaban a muchos pero que a él solo le recordaba a la marcha para siempre de su abuela, hacía ya tres años.
Ella fue un gran apoyo para él, una señora entrada en años con la que se podía hablar prácticamente de todo, muy abierta de mente sin mostrar en ningún momento algún pensamiento antiguo respecto a las preferencias sexuales de su nieto, y respaldando la creatividad de Wonsik desde sus inicios, muy al contrario que su propio padre.
Pero fue la mañana del veinticinco de diciembre, cuando amaneció con la noticia de que, a pesar de su fuerza, no logró vencer al monstruo del cáncer, y desde ese día murió una gran parte de su vida. Nunca quiso su fortuna, de hecho rechazó ir a la lectura del testamento, pero después de la insistencia de su madre y una carta dirigida a él con la que lloró como nunca antes lo había hecho, Wonsik utilizó el dinero para conseguir pinturas nuevas y la casa donde vivía actualmente.
Divisó a Hyuk tapado de pies a cabeza, con un abrigo muy grueso, guantes y hasta un gorro de lana, únicamente se le veía la nariz roja a causa de la baja temperatura, pues una bufanda tapaba también su boca.
- ¿Vas a la nieve o qué? – Siempre pensó que su amigo era un exagerado. – No hace tanto frío.
- Wonsik. – Intentó hablar destapándose la boca. – Estamos a menos tres grados.
Rodó los ojos, el frío estaba sobrevalorado, él llevaba una camiseta de manga corta y la cubría una única chaqueta de deporte y no sentía nada. Dejó la mochila en el suelo e inspeccionó la pared que utilizaría como lienzo esa noche.
- Sé que no te voy a convencer... - Comenzó su amigo mientras él sacaba el material y lo colocaba para comenzar su trabajo. – Pero decidimos dejar de hacer esto para que no nos descubrieran, y ahora con las nuevas leyes...
- Hyuk... dedícate a vigilar. - Este suspiró y se puso a su espalda.
Las primeras veces lo hizo por diversión, luego siguió por la adrenalina de ser descubierto y la gente que admiraba su trabajo, pero esta vez lo hacía por aquella pareja que se conoció delante de su dibujo, o el muchacho adolescente al que multaron por mostrar su arte en la fachada de un edificio abandonado.
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Tu toque de Color
Fanfiction"Todos necesitamos un toque de color en nuestras vidas..." Ravi Pero en la de Wonsik no había ninguno... y le encantaba el de Taekwoon. Hyuk también tenía uno... pero era inalcanzable. Hakyeon lo había encontrado... y se negaba a admitirlo. 🌟HISTOR...
