Como buen amante del arte, Wonsik había visitado varios museos en el mundo, pero ninguno le impresionó como el Louvre. Tanto el diseño del edificio como la cantidad de obras, reliquias y demás le parecieron realmente espectaculares, sintió que podía quedarse observando cada detalle del lugar por siempre, con un cosquilleo de felicidad indescriptible.
Nunca pensó que esa sensación volvería a aparecer, y menos en su propia casa, con el cuerpo blanquecino de Taekwoon que se encontraba entre sus piernas. Se lo comió con la mirada de arriba abajo, comenzando con el pelo revuelto, pasando por su deliciosa clavícula, el abdomen marcado por él y terminando en su consistente bulto bajo sus pantalones.
No recordaba cómo habían acabado así, pues hacía solo unos instantes ambos se encontraban admirando su propia creación con pinturas y de repente estaban allí, tirados en el colchón, desnudos por la parte de arriba y con las respiraciones entrecortadas. Tampoco entendía como no se habían caído por la escalera, si sus labios no se despegaron en ningún momento de camino a su dormitorio particular.
Wonsik notó las manos temblorosas de Taekwoon mientras hacía aquello que lo volvía loco, trazar con el dedo índice los tatuajes de su cuerpo, nunca se había alegrado tanto de tenerlos. Soltó un sonido ronco cuando llegó a su zona más sensible sin esperarlo, para no tener experiencia conocía muy bien la teoría, y como siguiera así, su pensamiento de ser cuidadoso se iba a ir al traste.
Hizo de nuevo su recorrido favorito, lamiendo con sensualidad el pendiente de su oreja para seguidamente crear un camino de besos hasta aquellos preciosos botones rosas, los cuales se endurecían a la par que notaba los suspiros de placer por parte de su gatito. No pudo evitar sonreír cuando sintió sus dedos enredarse en su pelo, invitándolo a no parar, y por consiguiente, a seguir bajando hasta el borde de sus pantalones.
Los bajó sin cuidado, con la ayuda de Taekwoon levantando sus caderas, y llevándose con ellos los bóxer, dejando al pelinegro completamente a su merced. Se relamió al ver tal espectáculo de sensualidad mezclado su timidez, al taparse la cara con sus manos. Juró que si no le tuviera tantas ganas en ese momento, lo dejaría así para pintarlo y colgar el cuadro en cualquier rincón de su casa.
Antes de comenzar con el primer plato, buscó en su armario el bote azul que utilizaba en sus mejores sesiones, uno que contenía el líquido frío que lo ayudaría a conseguir su objetivo. Se limpió las manos con él, poniendo mucha más cantidad en los dedos índice y corazón para así poder preparar al pelinegro más fácilmente.
Se arrodilló entre sus piernas para después doblárselas y tener más acceso. Empezó lamiendo el interior de sus blanquecinos y apetecibles muslos, y terminó besando la punta de su endurecido miembro. Su lengua recorrió toda su longitud, saboreando todo a su paso y disfrutando de los sonidos que salían de la boca de Taekwoon.
- Tal vez esté un poco frío. – Dijo antes de introducir el primer dedo.
- Nno... te preocupes. – Logró escuchar, a pesar de que lo pronunció muy bajito y entrecortado.
- ¿Estás bien?
Levantó su cabeza para verlo asentir, ahora tenía uno de sus brazos sobre la cabeza y con el otro apoyado en su estómago, por suerte parecía algo más relajado, así que logró meter el segundo dedo con mayor facilidad, pero aun con miedo.
- Por favor, sigue.
Y esas tres palabras solo hicieron que Wonsik sonriera de manera ladina, adentrando en su boca aquel trozo de carne jugoso y comenzando un vaivén sonoro con la mano que lo dilataba, a los pocos segundos, ya con tres dedos. Le gustó verlo retorcerse de placer, moverse a la misma par que él, incitándolo a seguir con el siguiente paso, no podía más.
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Tu toque de Color
Fanfiction"Todos necesitamos un toque de color en nuestras vidas..." Ravi Pero en la de Wonsik no había ninguno... y le encantaba el de Taekwoon. Hyuk también tenía uno... pero era inalcanzable. Hakyeon lo había encontrado... y se negaba a admitirlo. 🌟HISTOR...
