Tras llegar a casa y cerrar la puerta, se quitó la mochila y se echó en el sofá, en completo silencio.
No podía creer lo que acababa de hacer. No podía, es decir, le había dado uno de sus guantes a un completo desconocido, eso era de idiotas, o de alguien bastante listo. No era que algo sentimental lo uniera a esos guantes, si no que era todo otro tema. En esos guantes estaban todas sus posibilidades de libertad. Su ADN estaba en ellos, años y años usándolos para no dejar huella en el arma, y ahora sus huellas estaban en manos de un completo desconocido, que no le había dado ninguna prueba coherente de ser quien decía. Era un imbécil, un total imbécil. Ahora su libertad total estaba en manos de un desconocido
Suspiró y miró por la ventana. Comenzaba a amanecer, ya ni si quiera había sentido el pasar del tiempo. Estaba casi en un estado inconsciente, o algo parecido, ya ni si quiera sabía que pensar. Tras quedarse mirando por la ventana unos segundos volvió a echarse al sofá, con la mochila a su lado. Después de suspirar la tomó y la abrió para buscar algo. Sacó el guante que le quedaba y lo miró unos pocos segundos; quizás sí que tenía algo de afecto por esos guantes, pero, ahora toda su libertad pendía de un hilo, y si cometía algún error seguramente iría a la cárcel, cosa que obviamente no quería.
Lo asustó un poco el escuchar su teléfono sonar desde su bolsillo. Lo tomó y miró quien lo llamaba. Era Spencer, su mejor amigo desde hacía mucho tiempo, y a veces también era su compañero.
—¿Dónde habías estado? No respondías el teléfono—Se quejó Spencer—, de seguro estás metido en algo, tú, hijo de puta, dime qué estás haciendo y con quien.
—Cómo me conoces—Suspiró Brendon, mientras se restregaba el rostro con una mano—, tienes razón, estoy en algo.
—Bueno, y qué se supone que es.
—Uhm...—Apretó sus labios uno contra el otro mientras pensaba unos segundos—Creo que solo te diré que es algo grande y que está jugando con mi libertad.
—Eres un imbécil—Murmuró su contrario—, un total imbécil, no sé cómo no estás muerto, podrían haberte matado muchas veces.
—Lo sé, gracias por preocuparte—Habló Brendon con sarcasmo.
—¡Sí me preocupo por ti, Brendon!—Exclamó Spencer—, de seguro ya te estás jugando la vida otra vez solo por diversión, por eso eres un imbécil total, y probablemente me llames otra vez para que te lleve al hospital porque te dispararon en el hombro.
—¡Eso fue una sola vez! ¡Deja de echármelo en cara, ya sé que debí tener más cuidado, ya!
—Brendon, va en serio ¿Cuándo vas a empezar a valorar tu vida?—Preguntó Spencer, claramente ya de forma seria.
—Probablemente nunca, ya ríndete—Suspiró otra vez—, adiós—Y sin esperar respuesta, cortó y dejó caer el teléfono en el sofá.
Se quedó observando el techo unos segundos. Era blanco y plano, aburrido, nada comparado con lo que estaba sintiendo. Quiso quitar varios de sus pensamientos de su cabeza, así que se levantó, y considerando que ya estaba amaneciendo, decidió hacerse un café. No había dormido, tampoco tenía sueño, pero solo quería hacer algo.
Hacía frío, lo sabía, sus manos estaban heladas, su nariz también.
Mientras preparaba dichoso café, su mente comenzó a divagar, se preguntó por qué Spencer estaba despierto a esas horas y por qué demonios lo llamaba. También se preguntaba cómo es que Dallon había podido reunir a tal grupo, si él no parecía dañar a una mosca, y además se preguntaba si debía considerar como un halago el hecho de lucir demasiado "blando" para aquello. Blando, claro, lucía como una persona inocente, lo sabía, lo sabía muy bien, algunas veces se aprovechaba de ello, pero ¿Blando? Eso debía de ser una broma, él no era blando, él podía hacer lo que se le diera la gana. Suspiró y sirvió el café ya listo en una taza para volver a sentarse en el sofá. La bebida caliente contrarrestró el frío que sus manos tenían, y el vapor que despedía calentó su nariz y empañó sus gafas. Dio un sorbo a su café, estaba muy cargado, tal como le gustaba. Apoyó su cabeza en el respaldo del sofá.
Siguió pensando en Dallon, y en todo lo que giraba al rededor de éste. El tipo era alto, de hombros anchos y manos grandes, quizás qué clase de barbaridades había hecho con esas mismas manos. Podía parecer un tipo intimidante, alguien a quien tratarlo de usted, pero en su sonrisa, o en su forma de hablar, o quién sabe qué, pero algo tenía que había hecho a Brendon sentir como si al pararse junto a él estaría a salvo de lo que cualquiera de esos hombres le harían. Si bien sabía que debía ser cuidadoso, no había podido evitar confiar en tal sujeto, es decir, le había dado uno de sus guantes, uno de sus preciados guantes. Quizás sería buena idea empezar a usar otros guantes, aunque eso no resolviera del todo su problema.
Quizás qué estaría haciendo Dallon con su guante, con su guante de cuero que se había manchado con sudor y sangre, con el que había curado sus propias heridas algunas veces, e inclusive las de Spencer.
Estaba perdido, estaba perdidísimo.
Pero había algo que no asimilaba del todo. Pues, al parecer Dallon sí confiaba algo en Brendon -También-, pues, le había exigido a ese "grupo de inútiles" que le tuvieran respeto, y que lo trataran como un superior. En realidad Brendon aún no comprendía por qué, es decir, sí, tenía su cierta utilidad, pero ¿Tanto así para que Dallon lo ponga sobre Pete, o Zack? No podía creerlo, era superior a Zack, a ese tipo gigante que con solo su presencia lograba intimidar, con su alta estatura e incluso con su silencio. Recordó lo pequeño que se había sentido parado en medio de Dallon y Zack, se sintió un poco patético.
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Bonnie y Clyde [Brallon]
FanfictionLa historia de dos amantes del crimen. ----------------------------------- Advertencia: Este Fanfic contiene altos niveles de violencia.
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