10. ¿En qué momento me perdí a mi misma?

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Bianca

Bianca había pasado toda su vida temiéndole a aquello que no podía controlar. Quizás ese era el motivo por el cual de pequeña solía tener pesadillas acerca de la muerte, la pérdida y la soledad del oscuro final.

Durante el día Bianca era capaz de ignorar aquellos pensamientos. El día representaba distracción, un momento en el cual podía descansar de su mente y lo que ésta tenia preparado para ella.  Las noches, por el contrario, eran el momento en el cual su mente se apoderaba de ella por completo como una nube oscura e implacable. La mayoría de los niños le temían a los fantasmas, a los monstruos y a los payasos.

Ella le temía a sus propios pensamientos.

Y le temía a la noche.

Con el paso del tiempo, Bianca inventó métodos para esquivar aquellos pensamientos. No funcionaban todo el tiempo, pero si lo suficiente como para poder mantener un horario de sueño aceptable, lo suficiente como para que pudiera dormir con las luces apagadas y sin ninguna música de fondo que distendiera sus ideas.

Pero lo peor que podía pasarle sucedió cuando Bianca tenía 15 años: su hermano mayor, Gabriel, murió cuando el motor de su auto falló y se estrelló contra un auto saliendo a una fiesta por la noche. Aquel día todas las murallas que Bianca se había esforzado tanto por construir se vinieron abajo y la tormenta de pensamientos se volvió más y más grande. La ahogó por completo, la dejó agotada al punto de que levantarse al baño significaba un esfuerzo inhumano, al punto que la comida se había vuelto una necesidad lejana en su sistema.

¿Así se sentía morir en vida? Estaba convencida de que si lo era. Había pasado toda su infancia temiéndole a la muerte, desvelada intentando encontrarle la lógica a sus secretos, respuestas a las preguntas que ningún ser humano había sido capaz de contestar con total seguridad.

Y ahora se había enfrentado a la muerte. Le había arrebatado a la persona más importante de su vida y Bianca había quedado completamente desestabilizada.

Recordó cuando, unas semanas más tarde de su muerte, la chica se quedó sin tinta en la lapicera y su primero pensamiento fue pedirle a Gabriel prestada la suya.  Por un momento que pareció prolongarse en el tiempo e incluso más, Bianca no supo qué hacer. Notó en ese momento que durante toda su vida la habían entrenado para convivir con los vivos, pero nunca se habían atrevido a enseñarle a convivir con los muertos.

Y es que la realidad era que la muerte era incómoda para todos. Era una presencia constante y desestabilizadora, algo que todo el mundo prefería ignorar porque hacerlo era más fácil que saber que era imposible retrasar lo inevitable, que al fin y al cabo los motivos por los cuales todo el mundo se levantaba cada día eran insignificantes para algo tan eterno e inamovible como el más allá.

Durante las primeras semanas de su duelo Bianca intentó mostrarse optimista pero descubrió rápidamente que la felicidad sólo era una forma de distracción. Pretender la ayudaba a enfrentar el día, pero era imposible enfrentar a la noche. No cuando ella estaba a solas.

¿Sabría alguien lo que significaba temerse a sí mismo? Bianca lo hacía. Era capaz de imaginar los más grandes horrores, las más grandes tragedias. No había nada a lo que ella le temiera más que los sitios a los que su mente podía llevarla cuando estaba sola.

Si era sincera, no podía recordar cómo se sentía vivir sin miedo. Ella creía firmemente que se vivían muchas vidas desde que uno nacía hasta que moría y, si era sincera, no podía recordar la última vez que había sido feliz, realmente feliz.

—Solía odiar los lugares transitados y las muchedumbres, ¿Sabes?

Bianca se encontraba en el cementerio. A veces visitaba a Gabriel cuando se sentía particularmente triste o cuando, por una fracción de segundo, se distraía con algo como la forma en que los dedos de Simón se deslizaban sobre las teclas y se olvidaba del hecho de que su hermano ya no estaba con vida. Una enorme culpa la invadía, como la que tenía en ese momento, y entonces decidía hacerle una visita.

Los últimos días de juventudDonde viven las historias. Descúbrelo ahora