- Denso y oscuro -

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En la comunidad de Tiburcia, la llegada de Montiel y

Anselmo había creado un clima enrarecido, mezcla de

alegría y pesimismo. En Montiel veían a una persona que

no compartía los mismos intereses y que hacía peligrar la seguridad,

ya que sabía el lugar geográfico exacto donde estaba situada la

comunidad y cuáles eran los planes de Tiburcia. Montiel se negaba

a colaborar con la causa de ella y sus seguidores. Sofía, que ya había

sido incorporada como un miembro más, podría desistir de su apoyo

y volver con Montiel.

Lo que causó mayor sorpresa y alegría en las personas que estaban

en la aldea fue la llegada de Anselmo. Lo abrazaron y le dieron

una bienvenida familiar. La comunidad era parte de los orígenes

de Anselmo. Eran parte de aquel malón que lo había dejado herido

y abandonado años atrás y que ahora se reencontraba con sus

hermanos de sangre. Montiel lentamente fue entendiendo algunas

actitudes de su compañero.

-Anselmo, ¿vos sabías todo esto que estoy viendo? ¡Tenías alguna

noción de los planes de esta gente? ¡No lo puedo creer! ¿Qué es

todo esto?

-Tiburcia y mis hermanos tienen una sabiduría que nos puede

volver poderosos frente a los que nos quieren dejar sin nuestra historia.

Para mí todo esto vale más que el saco con las monedas de

oro. Sabiduría ancestral sobre el conocimiento de las propiedades

de las plantas. Con esos conocimientos podremos recuperar nuestra

dignidad, nuestras tierras. Quiero que los dos se unan a nosotros.

Vos y Sofía. Tu comunidad siempre me trató como uno diferente,

nunca fui parte y ustedes acá son parte de nuestro pueblo. Ustedes

nacieron en esta tierra igual que nosotros y hay lugar para todos.

-Vengan, Tiburcia les quiere mostrar que es lo que hacemos en

nuestra tribu, eso de lo que les estoy hablando.

-Anselmo –dijo Montiel- Cuando quedaste abandonado en la

mitad del campo, el cura te salvo, te curo, te dio una educación.

Nosotros siempre te apreciamos y fuiste uno más...

Anselmo no escuchaba los argumentos de Montiel. La alegría y

el asombro lo tenían en un estado de excitación que lo cegaba. Se

dirigieron a un rancho donde se encontraba Tiburcia. Una espesa

humareda salía de una enorme olla situada en el centro del rancho.

Otras más pequeñas despedían humo con olor nauseabundo.

Montiel se tapó la nariz con el poncho. Varias personas trabajaban

alrededor de las vasijas, revolviendo o transvasado líquidos de

un recipiente a otro. Montiel quedó sorprendido al ver semejante

El legado del virreyWhere stories live. Discover now