El día de la partida, Francisca estaba confundida y triste.
De todas formas, contra su voluntad, ayudó en la organización
y en el armado de los aperos. Daba atolondradas
vueltas por todo el rancho. Caminaba reiteradas veces, ida y vuelta,
hasta los corrales, murmurando frases incompresibles. Allí tenían
un espacio hecho de troncos pegados con adobe en donde guardaban
semillas y provisiones. En un momento se detuvo y les dijo:
- Son muchas leguas las que tienen que recorrer. ¿Qué pasa si no
es cierto lo que te contó Juancito? ¿Podría ocurrir que ese tal Rafael
se gastó todo el oro? ¿O que le hayan robado?
Modesto consolaba a su madre y le repetía que en pocos días
estarían de regreso y que con probar no se perdía nada. Francisca
no escuchaba las palabras de su hijo. Estaba convencida de que no
debían realizar el viaje. Ya había perdido una parte de su familia y
quería conservar lo que quedaba. Pero conocía el carácter firme de
Montiel, idéntico al de su difunto marido. Terco y obstinado, sabía
que no daría el brazo a torcer.
Montiel fue a saludar a Sofía, le pidió que rezara por él y le dijo
que a su regreso se casarían. Ella volvió a pedirle que la dejara ir con
ellos y recordarle que era mejor que en el grupo fueran más jinetes.
..."no es lo mismo ver de lejos mucha polvareda que poca y vos eso
lo sabés mejor que yo"...
-No es un viaje para mujeres -dijo Montiel. Ir a la frontera es
muy peligroso y no quiero que pases por momentos así, ni poner
tu vida en riesgo. Es cuestión de unos días y estaremos de regreso
sanos y salvos. Con un poco de suerte voy a traer el saco repleto de
monedas de oro, vamos a comprar un campo, criar ganado y tener
muchos hijos.
-Quiero que te lleves al viaje un recuerdo mío, y me lo devuelvas
cuando nos reencontremos. Tomá, llevate mi rebenque. Lo hice yo
misma. Vos dame el tuyo –dijo Sofía disgustada.
Realizaron el cambio de recuerdos, ella montó su caballo y sin
más se perdió entre los pastizales.
Montiel, desilusionado por no haberle podido robar un beso a
Sofía, se acercó a la entrada del rancho, donde se encontraba su
madre con Modesto.
Cerca del fogón, Candor jugaba con otro perro. Seguía muy de
cerca los movimientos de Montiel. No se quería alejar ya que intuía
que algo estaba por ocurrir y no quería quedarse afuera. Anselmo
llegó al trote, bajó de su caballo y saludó a sus compañeros de viaje.
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El legado del virrey
Teen FictionUn grupo de adolescentes sigue una pista que conocía un soldado de San Martín. Juan Baigorria. Deben encontrar a un ex funcionario español que conoce el lugar donde se había ocultado un cofre repleto de monedas de oro. En el recorrido deben pasar po...
