"Capítulo 11"

7 1 0
                                    

MAX

Me dirán loco, pero fue el mejor puto beso que me han dado en toda mi vida, y eso, que bastantes bocas he besado.

El interés que tengo en Selene es más fuerte de lo que pensaba, no lo entiendo. Y en ella causó el mismo efecto ya que salió corriendo, para ser una chica tan ruda, es demasiado cobarde para el querer, el sentir; parecía cómo si lo que sintió fuera algo nuevo. Ese beso no se me sale de la cabeza, fue tan... No sé cómo describir esa sensación, de verdad que Selene es más diferente y única de lo que pensé.

Ahora ¿Qué hago? De seguro ella no quiere ni verme, por el atrevimiento, porque está aturdida, confundida, y seguro no sabe si seguir siendo mi amiga, si alejarse de mi o animarse a algo más que amigos y eso, que varias veces me ha dejado en la friendzone. Debo aclarar que es la primera chica que me deja en la friendzone y también caerá.

Ahora, lo que no sé es si ella será la mujer que me atrape, que me enamore con su personalidad y su forma de ser. Si es así, llegó la hora de ser yo mismo con ella y si así me acepta, pues ya veremos.

Va a anochecer. Estoy en un gran debate de si debo ir a la casa de ella para que entienda que quiero hacer las cosas bien, o si espero a mañana, para ir en la tarde y dejarla que piense, que analice todo.

Mejor voy mañana.

•••

Domingo, día para quedarte descansando en tu hermosa cama, mientras te preparas mentalmente para el lunes. Aunque igual mañana tengo vacaciones, es lo bueno de estar enfermo, te atienden y te conscienten, te dan todos tus gustos y no te agreden por miedo a una recaída. Hermoso.

Me levanto, acomodo un poco la cama y me dirijo al baño.

Salgo, envuelto en una toalla y veo la hora: 10.16 de la mañana. Temprano aún, por lo que tomo de mi armario una bermuda blanca con cuadros, un t-shirt negro y unas alpargatas negras también.

Al bajar a la cocina a desayunar, Helen está preparando algo.

—Buenos días idiota. —me saluda con una sonrisa. Selene debiera darme batazos en la cabeza, más seguido. Le devolví la sonrisa.

—Buenos días. —dije sentándome en el desayunador.

—¿A dónde vas? —dijo con el semblante serio. —Sabes bien que no puedes salir por ahí y menos sólo.

Rodé los ojos.

—Imagina que te dé una recaída por ahí... No, definitivamente no.

—¿Tú me vas a impedir que salga? —dije divertido.

—Si, ¿Cómo la ves? —dijo cruzando los brazos, desafiante.

—¿Estás retándome?

—Tal vez. —dijo con los brazos cruzados divertida.

La fulminé con la mirada y ella se encogió de hombros.

Espero no arrepentirme de lo que voy a hacer.

—Entonces acompáñame. —dije rindiéndome y relajando mis hombros.

—¿Qué?

—Lo que escuchaste. —dije rodando los ojos.

—Me sorprende tu petición, pero iré a buscar mi monedero, no sea que cambies de opinión. —dijo riéndose, y yendo a buscar el monedero ese.

Tal vez Selene quiera hablar conmigo si voy con Helen.

•••

Vamos en mi carro, ya que doña Helen no quiso caminar, porque el calor podría marearme y bla, bla, bla. Le dije que Selene no vive tan lejos, pero ya saben lo terca que es... Ella y Selene parecen hermanas, o sea, físicamente no se parecen en nada, sólo en el color de piel, pero en carácter son idénticas.

Aprendiendo A Amar ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora