En año nuevo, pedí permiso a mis padres para pasar el año nuevo en la casa de Diana. En la cena de año nuevo me encontraba al lado de Diana y Diana al lado de su papá (su padre se encontraba en la parte ancha de la mesa y Diana a su derecha). Me miraba muy fijamente, aunque en varias ocasiones habíamos hablado, en ésta, parecía que no me conocía. Al terminar de cenar, salimos a la calle, por la calle de Diana no era una tradición la quema de muñeco pero sí lanzar fuegos artificiales como las varas, “los misiles” y otros. Al llegar las doce de la noche, todos los vecinos salieron, prendieron sus fuegos artificiales y el cielo se iluminó. Una vez escuché una frase: El cielo en llamas. Esa frase describía todo lo que vi; un cielo lleno de luces que se reflejaban en los ojos de todos los niños de aquella calle. Aunque todo era bello, pensé por un momento en el ambiente: “La felicidad del hombre, es la tristeza del planeta”. Era difícil ser consciente de lo que ocurría en verdad. Mi rostro cambió y Diana se dio cuenta de eso, se puso a mi lado, los dos estábamos de pie, viendo que aún seguía el cielo en llamas, me tomó de la mano y me dijo: Sé lo que estás pensando, a mí también me duele, pero no podemos hacer gran cosa. Si todo el mundo se pone de acuerdo, sí se podrá hacer algo. Por ahora, debemos tratar de cambiar el mundo con pequeños detalles. Volteé mi cabeza a la izquierda, pues ahí se encontraba, sonreí y le dije: Tienes toda la razón. Cerró sus ojos y dijo: Prométeme que este año seremos distintos. Solté su mano, abrió sus ojos, me miró. En aquellos ojos color marrón claro, pude ver un pequeño cielo, mucho más hermoso que aquel cielo que había visto hace unos segundos. La abracé muy fuerte, toda su familia se quedó contemplando aquel acto. Estaba avergonzado, cerré mis ojos, y le susurré al oído: Te lo prometo y con el dedo meñique…
