3.4 Desilusión:

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Al día siguiente, fui al colegio muy nervioso. Necesitaba aclarar unas dudas que ayer en la noche no me dejaron pegar el ojo. Ayer en la noche, pasé todos poemas que había escrito a un cuaderno, eran muchos.

En el camino hacia el colegio, vi a unos compañeros yendo juntos al colegio. De seguro eran de la C.P. Pero, verlos juntos, tomados de la mano, demostrando su cariño por medio de sus miradas, me hacía sentir extraño.  Dentro de mí, descubría unos sentimientos nunca antes experimentados; unos de querer amar y ser amado… ¿Tener una enamorada? ¿Enamorarme? ¿Ilusionarme? Las cosas se me hacían raras. Es loco saber todo lo que puedes pensar en tan sólo una pequeña caminata.

Cuando llegué al colegio, lo primero que hice fue buscar a Diana. La busqué y busqué, pero no la encontraba. Tal vez hoy no vendría al colegio…

Al cabo de diez minutos de haber empezado las clases, tocaron la puerta… Diana, fue ella, me emocioné. Le pregunté por qué llegó tarde, me respondió que ayer tuvo un sueño muy extraño el cual la despertó de madrugada y ya no pudo dormir. Aunque le pregunté qué fue lo que soñó, no me lo quiso decir, tal parece que el sueño fue algo muy personal. Aunque en las horas de clase, estaba muy despistada, a la hora de recreo, le di el cuaderno para que leyera. Lo tomó muy emocionada  y dio lectura a todo el cuaderno.

En su rostro podía notar todo lo que estaba sintiendo por dentro; su mirada imposible de distraer, su fascinación, su encanto, su ilusión y pequeño toque de desilusión. Terminó de leerlo y me dijo:

-¿Cuándo hiciste el último poema?

-Ayer en la tarde

-¿Ayer?

-Sí, ayer

-oh… Pues, el último poema, es el más lindo que has escrito

-Gracias, lo escribí pensando en una chica muy hermosa

-Y… ¿La conozco?

-Sí, la conoces – Susurré

-¿Qué?

-No, nada. Creo que sí la conoces

-Ah… ¿Se puede saber quién es?

-No

-¿Por qué no?

-Porque no

-Hay – Dijo cruzando sus brazos

-Oye Diana…

-Dime

-¿Tú crees que le guste el poemario a Yuli?

-No sé

Dijo fríamente, tomando el cuaderno y lanzándolo a mi carpeta

-¿Te has enojado? – Pregunté inocentemente

-¡Qué te importa! – Salió del salón

No sé qué había hecho, tampoco le tome importancia. Quería darle el poemario a Yuli, quería saber que opinaría ella, tal vez así la podría enamorar. Salí del salón, busqué a Yuli en el cafetín. Estaba sola, compré dos vasos con jugo de frutas y me fui a sentar junto a ella. Le di una de las bebidas y le pedí que leyera el poemario. Aunque ya había leído todos los poemas, se tomó la molestia de leer cada uno de ellos, cuando llegó al último, se detuvo para leerlo detalladamente. Cerró el cuaderno, se notaba una sonrisa sutil en su delicado rostro, me lo devolvió y dijo: El último poema, es el poema más lindo que has escrito. Dijo las mismas palabras que Diana. Tal vez, así como encantó a Diana, podría hacer lo mismo con Yuli. Me puse un poco nervioso y ella lo notó, quería decirle algo pero no encontraba las palabras… La miré fijamente a esos ojos color café. Di un suspiro y le dije: Yuli, todo el tiempo que te he conocido, me he enamorado de ti. No sé por qué me sucede esto pero me gustas mucho y… ¿Qui- qui- quisieras ser mi novia? Sentí como el mundo se detuvo, sentí como un peso se me fue de encima, lo único que me mantenía en tierra era la respuesta que ella me podía dar. Dejo el cuaderno en la mesa y lanzó una risa sarcástica: Já, ¿novia tuya? Por favor, con un chico como tú, ¡jamás!

Mis ilusiones, mi pequeño mundo junto a ella, mi triste corazón, mis pensamientos, mis esquemas, mi ser… todo se había destruido. Yuli salió del cafetín riendo y yo, salí llorando; lloraba de rabia, de tristeza, de rencor.

De seguro no le gustaría a nadie, por ser como soy. ¿A quién podría gustarle un chico como yo? Me preguntaba a mí mismo. Con estos estúpidos anteojos enormes, con este uniforme bien planchado, con este feo peinado… nadie, nadie se podía enamorar de mí. Entré al salón, alisté todas mis cosas y me fui a casa sin decirle nada a nadie, sólo al director. Mentí que me sentía enfermo aunque no era una mentira pues me sentía muy enfermo por dentro.

Abrí mi puerta, mamá y papá estaban ahí. No les dije nada, sólo subí a mí cuarto a desahogarme llorando. Recordé una frase: “Muchas veces debes desahogarte; no importando si lloras, no importando si gritas, no importando si te quejas, la mejor manera de liberarte es hacer algo que demuestre lo que traes dentro…”  Hice eso, me desahogué. Tenía muchos sentimientos encontrados, tal parece que es horrible estar enamorado. Ahora comprendo aquellas imágenes que dicen: No te enamores o aquellas que dicen: Si te vas a enamorar, lleva tu cerebro contigo. ¿Por qué? ¿Por qué? Era la única pregunta que traía en mi mente. Tontas mariposas en el estómago, quería tomar agua para ahogarlas, pero al parecer las mariposas no sólo eran por Yuli sino por otra persona.

Salí de mi cuarto a hablar con mis padres. Ellos se encontraban sentados el sillón de la sala, viendo la tv, fui hacia ellos y les dije: Sé que tienen un dinero extra para mis cosas. No las quiero, sólo quiero que me libren de esta maldición. Dije quitándome los anteojos y lanzándolos al suelo. Mis padres se asombraron al ver la escena pero comprendieron como me sentía así que salimos a comprar unos anteojos nuevos. En la óptica, fui directamente a los lentes de contacto verdes, me encapriché con ellos y mis padres no tuvieron más remedio que comprarlos. Ya en casa, fui a mi baño y me di una ducha. Al momento de secarme el cabello, quería peinarme con el estilo libro pero verme despeinado y con estos lentes de contacto hizo que dentro de mí, una pequeña vanidad y orgullo creciera. Me dejé así, distinto. Sólo esperaba al día de mañana, a saber lo que dirían los del colegio. 

RECUERDOS DE MI PRIMER AMORDonde viven las historias. Descúbrelo ahora