EN MI CAMA Y DESNUDA.

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NARRA PIPER

Pese a que en el fondo me dolía ver a Larry arrastrarse de esa manera, solo con ver la cara de Alex ya me merecía la pena.

No la había dejado en paz, desde que se había sentado se puso a hablar de él y de sus mierdas. Supongo que eso, con alguna heterosexual, le habría valido. Pero no con Alexandra Vause, pues estuvo más ocupada en mí y en su botella que en las historias de Larry.

Aunque no la culpaba. Qué coñazo.

Abrí a Alex diez minutos después de haber llegado a casa. Consiguió librarse de Larry. Esperé los dos minutos que tarda el ascensor en subir y bajar, porque cuando llegó, yo ya estaba apoyada en la puerta.

- ¿Te has divertido?

- No te imaginas cuánto - sonreí cerrando - Alex mira lo que hago, mira cómo lo hago Oh, Alex.

- Muy graciosa - sonrió acorralándome.

- ¿No crees que es mejor decírselo?

- Me juego mi puesto con esto, Piper.

- Lo sé - asentí sintiendo su lengua en mi cuello - Pero le conozco y no dirá nada. A ti te dejará en paz y yo podré hablar con él

- ¿De qué quieres hablar con él?

No contesté porque me metió la lengua hasta la campanilla prácticamente. Yo solo pude agarrarla las nalgas mientras que ella apretó mis pechos en sus manos sobre la camiseta y el sujetador.

- De lo mucho que me excitas - susurré agarrandola.

- Dile que es mutuo - respondió enredando sus piernas en mi cintura - Que solo pienso en comerte durante todo el día.

Se bajó en cuanto llegamos a la habitación y todo porque sus deseos de mandar eran superiores. Me empujó contra el armario de tal forma que tuvo que dejar de besarme al preocuparse por haberme hecho daño.

Pero la agarré del pantalón atrayéndola de nuevo. Yo solo quería saborearla, desearla, tocarla y acariciarla. Así que se me ocurrió la única manera en la que ella me dejaría bajarle el ritmo a todo, hacerlo un poco más intenso. Sin que supiera absolutamente nada.

- Espera.

- ¿Qué?

Le pedí que se quitara los pantalones, y aunque vi como fruncía ligeramente el ceño, obedeció a mi petición. Pero no solo acabé ahí, sino que le quité toda la ropa que llevaba y luego me la quité yo.

Nos sentamos en la cama, pero yo lo hice en su espalda, apoyando mi pecho en ella. Por encima de su hombro vi sus curvas, esas que tanto me fascinaban. Alex giró la cabeza para mirarme, pero yo le agarré la mandíbula haciendo que mirara hacia delante.

- Cierra los ojos - susurré pasando mis manos por sus pechos - Y deja de pensar.

- No me gustan las sorpresas.

- Tú hazlo.

Aunque me miró dudosa y comprendí que era porque a ella no le acababan de gustar los juegos sin conocimiento, los cerró. Era mi turno y ella me estaba dejando. No iba a haber nada más que las yemas de mis dedos en su piel.

Aparté su pelo dejándolo en el lado izquierdo, pues en el derecho estaba mi cabeza. Me incliné viendo como ella dejaba caer su cabeza. El cuello fue mi objetivo. No saqué mi lengua a pasear, sino que la besé con mis labios. Yo quería que ella me sintiera, era lo único que quería. Que no tuviera necesidad de irse a otro lado.

Pasé mis manos por sus pechos, dibujando algún que otro círculo alrededor de sus pezones. Nada de pellizcos ni de mordidas. Solo los acariciaba, con el pulgar, con la palma y entre mis dedos. Vi como Alex se mordió el labio inferior. Eso me indicó que no estaba mal encaminada en mis objetivos esa noche.

Miradas de deseoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora