ESTO ES POR MÍ.

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NARRA ALEX

De camino al coche me explicaron lo que Soraya había confirmado, intuyo que habían usado las palabras textuales porque me parecía muy específico. Dolores había usado su tarjeta en el único centro comercial de la ciudad, así que teníamos que darnos prisa.

- ¿Puedo preguntar qué has hecho?

Miré a Piper, de copiloto y mirándome. Su preciosa aurora boreal demostraba preocupación y lo sabía.

- Es su último caso – respondí volviendo la vista a la carretera – Le denuncie por abuso... Jaime me ha dicho que necesitaba algo más que una simple acusación para quitarle. Incluso me ha dicho que un tipo que se llama Eduardo del sindicato de inspectores; otro que me odia, ha intentado ponerse en contacto con él.

- ¿Por Joe?

- Sí. Él no ha tomado la llamada, pero le digo que era por algo referido a mí.

- O sea que Joe lo ha intentado...

- Y por la cara que traía estoy segura que cree haberlo conseguido – suspiré – Sé que es un imbécil y que se lo merece, pero no contaba con ser tan hija de puta.

- Solo has defendido lo que sabes que es correcto.

- Con intereses personales de por medio – giré hacia la derecha – La denuncia ha sido anónima porque así mi nombre no se involucra con nada... Pero él lo va a saber.

- Tú has jugado tus cartas...

Lo sabía. Pero no me sentía bien. Quitarle la placa a un compañero, aunque fuese Joe, era algo que me dolía.

No dijimos nada más, ahí me di cuenta de lo que me gustaba Piper. Y es que aunque yo no le decía nada, sabía perfectamente darme mi espacio cuando lo necesitaba.

Aun me quedaba una conversación con Jaime, pero era la que menos me preocupaba. Porque otra cosa no, pero él siempre iba a mirar por mi bien. Aunque se jugara el puesto, no iba a permitir que me dieran a mí... Y por eso era mi mejor amigo.

Llegamos al centro comercial y distribuí al equipo. Íbamos diez, así que cinco se fueron por el ala este, tres por el oeste y nosotras dos hacia la del norte. Según me había contado Piper, dos plantas, la planta baja de restauración y la primera de tiendas de ropa. Dejé, además, dos agentes en cada puerta por si acaso; y según nos había confirmado Larry por el audifono, hacía diez minutos que había comprado en otra tienda.

- Es esa.

Giré la cabeza hacia donde me estaba dirigiendo Piper, y efectivamente, Dolores salía con varias bolsas en cada mano. Miró hacia su izquierda, miró hacia su derecha y nos vio. Todos nos quedamos parados, incluyendo los agentes que llegaban por el otro lado.

Dolores no fue tonta, la patrulla muy lenta, Piper la más rápida y yo... Yo desconcentrada. La sospechosa echó a correr hacia las escaleras mecánicas, Piper en seguida enfundó su pistola como le había dicho y los agentes hicieron exactamente lo mismo.

Por un momento, aunque segundos tarde, intenté hacer lo mismo que había hecho Piper, pero sabía que no iba a llegar. No cuando Dolores ya estaba tocando las escaleras. Así que no me lo pensé dos veces. Agarre impulso, me subí a la barandilla y me tiré hacia la planta baja, donde iba Dolores.

Tuve que rodar en el suelo para no joderme las piernas; pero con una vuelta fue suficiente para estabilizarme. Cuando me puse de pie, Dolores intentó regresar por donde había venido, pero Piper ya estaba encima de ella.

- Arriba las manos – dije apuntándola.

- Definitivamente quiero aprender parkour – sonrió Piper poniéndole las esposas – Queda usted detenida. Tiene derecho a permanecer en silencio...

Miradas de deseoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora