La mañana del regreso a Hogwarts fue un caos.
Harry, como siempre, decía que teníamos tiempo. Pero eso significaba que llegariamos al final, justo cuando el humo del Expreso comenzaba a disiparse y la plataforma 9¾ hervía de estudiantes, baúles flotantes y madres repitiendo consejos de último momento.
Lily casi se olvidó la varita (pero no a su maldito gato). James discutía con mamá por el color del abrigo que le había hecho usar, algo sobre que era verde y no quería que sus amigos lo molestaran con ser de Slytherin. Rodee los ojos cuando lo escuche camino a mi habitación.
Después de dejar mi bolso en la sala de estar, solté un suspiro. Hoy vería a Scorpius de nuevo. Si era sincero, lo extrañaba, quería verlo, abrazarlo, preguntarle sobre los días en los que no supe de él, pero eso significaba escucharlo hablar de Rose.
Una parte de mi deseaba simplemente desaparecer entre la multitud y no pensar demasiado en nada. Ni en el verano. Ni en las cartas que no respondí. Ni en los silencios con los que Scorpius había llenado mis días desde que lo dejé de buscar.
***
Antes de que saliera por la chimenea, mi madre intentó asfixiarme en un abrazo que se sintió eterno. Me queje en voz alta pero no la aleje, jamás lo haría.
Harry, por otra parte, estaba parado detrás de ella. No dijo demasiado. Solo me miró por un momento antes de asentir en despedida, como si quisiera decirme algo y no encontrara las palabras.
—Portate bien, Al. Responde mis cartas.
Le di un pequeño asentimiento.
—Adiós, Harry.
—¿Seguro que tienes todo? —preguntó Ginny por cuarta vez—. La varita, el libro de Transformaciones, el tónico para las pesadillas de tu hermana...
Bufé, Lily había llenado tanto su baúl de articulos para gatos, que tenia que llevar cosas suyas en el mio.
—Sí, mamá —respondí, moviendo la vista a nuestro reloj de pared. Tendríamos que aparecernos cerca de Hogwarts, a este paso perderiamos el tren.
Después de otros insufribles diez minutos de despedidas, y un abrazo eterno de Lily a papá, los tres cruzamos la Red Flu y salimos, torpes y tosiendo, en la pequeña chimenea mágica de la estación. El humo todavía me nublaba la vista cuando escuché mi nombre.
—¡Albus!
La voz me atrapó con esa calidez idiota que aún me provocaba, aunque intentara negarla. Scorpius estaba ahí, justo frente a la entrada del tren, sosteniendo su baúl con ambas manos.
Sonreía, pero no como siempre.
Le devolví el saludo con una pequeña inclinación de cabeza.
—¿Podemos hablar? —preguntó, acercándose cuando subimos al vagón.
—Claro —murmuré. Aunque no sabía si era cierto.
Encontramos un compartimento vacío al final del tren. Scorp se acomodó primero, del lado de la ventana. Me senté enfrente, con las manos entrelazadas sobre las rodillas. El silencio se instaló entre nosotros, denso como una niebla que ninguno se atrevía a espantar.
El tren ya comenzaba a moverse cuando él abrió la boca:
—Al, en serio... ¿Qué pasó?¿Por qué dejaste de escribirme?—preguntó finalmente, con voz baja.
No fui capaz de apartar la amargura de mi tono de voz:
—¿Por quién crees que fue? —repliqué.
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MARCAS EN LA PIEL © - Scorbus
FanfictionVERSION MEJORADA DE "ANSIEDAD". . Morí un martes. O al menos, todo empezó ese día. No me mires así, no es drama barato: yo sé cuándo algo empieza a pudrirse. A veces es por su olor, otras veces es su silencio... esta vez, fue la forma en que Scorpiu...
