A la mañana siguiente bajé al Gran Comedor más temprano de lo habitual. Apenas había dormido. Tenía la cabeza llena de fragmentos que no lograba unir del todo: Rose, Scorpius, su ausencia en la habitación, Elara. Todo se sentía como una red enredada, y yo estaba justo en el centro, atrapado.
Pensé que si comía algo, si me sentaba un rato entre voces normales, podría poner las ideas en orden.
Pero entonces lo vi.
Scorpius.
Estaba solo en el extremo de la mesa de Slytherin, con una tostada seca en el plato y una taza de café a medio terminar frente a él. Tenía la cabeza gacha y los hombros más caídos que nunca. Su túnica estaba desalineada, y su cabello aún húmedo por la ducha (¿Donde diablos se baño?). Parecía más pálido que de costumbre, como si ni siquiera hubiera tenido fuerzas para secarse bien.
Apreté la mandíbula.
Respiré hondo y caminé hacia él. Aunque se percató de mi presencia, no levantó la vista.
—Buenos días, Potter—saludo con educación.
—Oí... lo de Rose —murmuré, sin saber bien cómo decirlo—. ¿Es cierto?
Scorpius no respondió enseguida. Se quedó mirando su taza, como si no me hubiera escuchado.
Entonces, con voz áspera, casi en un susurro, dijo:
—Escucha a tu hermana.
Fruncí el ceño.
—¿Qué?
—Te dijo que te alejes de Elara, ¿no?
Finalmente levantó la cabeza y me miró. Sus ojos estaban enrojecidos, no supe si por la falta de sueño o por otra cosa.
—Hazlo. Antes de que sea tarde.
Y volvió a mirar su tostada como si yo no existiera.
Me quedé ahí, en silencio. Aturdido.
Tenía tantas preguntas que no sabía por dónde empezar.
¿Por qué todos hablaban como si supieran algo que yo no? ¿Y qué tenía que ver Elara?
¿Por qué él, de todas las personas, me decía eso?
Me alejé sin decir una palabra más, y decidí saltarme el desayuno.
El estómago me ardía como si me hubieran tragado un par de piedras.
***
Las salidas a Hogsmeade comenzaron con la misma expectativa de siempre: disfrutar del aire fresco, escapar del castillo por unas horas y gastar más de lo que uno debía en dulces o en libros que quizás jamás leería.
Y yo... bueno, siempre iba con Elara.
A pesar de todo seguía buscándola. Tal vez porque, entre sus rarezas, había destellos de la chica que conocí al comienzo del curso. La que podía hacerme reír con solo cambiar el tono de voz.
El día que colmó el vaso, fuimos a Beltane's. Se había transformado en una especie de tradición, y a Elara le encantaba el lugar. Era un pequeño café ambientado en la edad media, los meseros incluso llevaban armaduras y te trataban como si fueras de la realeza. Tenían sillones de colores diferentes, y una carta mágica que cambiaba de forma según el clima.
Elara pidió lo de siempre: pastel de calabaza y té negro. Yo, chocolate caliente y pan de centeno con mermelada. Apenas nos sentamos, ella comenzó a comer como si no hubiera probado un bocado en días.
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MARCAS EN LA PIEL © - Scorbus
FanfictionVERSION MEJORADA DE "ANSIEDAD". . Morí un martes. O al menos, todo empezó ese día. No me mires así, no es drama barato: yo sé cuándo algo empieza a pudrirse. A veces es por su olor, otras veces es su silencio... esta vez, fue la forma en que Scorpiu...
