CÁPITULO QUINCE.

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El regreso a Hogwarts fue distinto esta vez.

La nieve se derretía lentamente sobre el césped húmedo, dejando charcos helados y vapor ligero flotando sobre el Lago Negro.

Las mañanas olían a madera mojada y el frio se aferraba a los muros como si no quisiera soltar el recuerdo del invierno.

Todos estaban nerviosos por la devolucion de los examenes. Sin embargo, yo solo podía pensar en él.

Scorpius.

Había algo más suave en su manera de mirarme desde que volvimos. Más largo. Más sostenido. Como si buscara respuestas en mi rostro y no dijera nada cuando las encontraba.

Empezamos a pasar cada momento libre juntos, más de lo que ya haciamos.

Incluso logramos hacer el picnic a la orilla del lago que le prometi antes de Navidad, sobre mantas extendidas y termos de té con hechizos para mantener la temperatura, usando nuestros abrigos como escudos contra el frío.

Él se reía cada vez que yo intentaba volar una servilleta con magia y terminaba lanzando galletas por el aire.

Fingí que no me derretía cuando lo veía sonreír con la cabeza echada hacia atrás.

El primer viernes de regreso, hubo una fiesta organizada por los Hufflepuff en su sala común.

La mayoría del colegio fue, pero nosotros no.

Scorpius dijo que no tenía ganas. Yo tampoco. Así que nos quedamos en las mazmorras, los dos solos, en el rincón que habíamos hecho nuestro.

Encendimos una pequeña fogata mágica en el hueco de la chimenea, tiramos unos cuantos cojines en el suelo y sacamos la botella de whisky de fuego que Teddy le había regalado.

—No pensé que la abriríamos tan pronto —dije, mirándola con algo de reverencia.

—Es que... no sé, pensé que esta noche era una buena ocasión —respondió. Se encogió de hombros, pero su voz tenía un tono extraño, como si lo dijera con un nudo en la garganta.

Nos servimos en dos tazas de té que robamos de la cocina.

La bebida ardía en la garganta, pero no de forma desagradable. Era fuego dulce.

A la tercera copa, ya reíamos como idiotas.

—No puedo creer que tu canción favorita sea Don't Stop Believin' —dije, tratando de no atragantarme de la risa.

—¡Es un clásico, Albus! —replicó Scorpius, levantando la barbilla con falsa dignidad—. Tiene estructura, tiene sentimiento.

—Tiene letra del karaoke de un bar decadente —bufé.

—Tú eres un insensible —me empujó en el hombro.

Me reí. Mucho. Él también. Había algo liberador en esa risa, como si nos quitara peso de encima.

—¿Y tú qué escuchas, entonces? —preguntó, con esa mirada desafiante que me incomodaba más de lo que debería.

Me dejé caer de espaldas sobre un cojín, ya un poco mareado.

—Cosas tranquilas... acústicas. Letras que me hacen pensar demasiado. —Lo miré—. Hay una canción que me recuerda a ti.

Él entrecerró los ojos, curioso.

—¿Ah, sí? ¿Cuál?

Sentí la boca seca. 

Best Friend, de Rex Orange County.

MARCAS EN LA PIEL © - ScorbusHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora