Scorpius tenía rituales que nunca explicaba, pero que yo conocía.
Cada luna llena se sentaba junto a la ventana, alineaba tres frascos de vidrio y los llenaba con un líquido blanquecino que olía a lavanda y menta. Decía que atrapaban la luz de la luna y eran ofrendas. Una vez me susurró que lo hacía "para tener un buen año". Después de Delphini, empezó a usar uno más.
Esa noche fingí dormir. Lo escuché caminar descalzo, destapar los frascos y dejarlos bajo el resplandor azul. Se quedó quieto, mirándolos, como si pensara o pidiera algo. Entre las pestañas lo vi: la luz derramándose en el vidrio, disolviéndose. Era simple, casi tonto... pero me conmovía.
Quizá porque era algo suyo; en ese silencio, él se desenvolvía por completo.
Noté que el líquido se veía más oscuro que otras veces. No dije nada al respecto.
***
A la mañana siguiente empezó nuestra primera semana en Hogwarts.
Y, por decirlo sin dramatismos, fue insoportable.
Scorpius y yo casi no hablábamos. Cuando lo hacíamos, eran intercambios cortos y toscos, siempre en la habitación. En clase, dejó de sentarse a mi lado. Si tocaba compartir con Gryffindor, él se acomodaba junto a Rose o, si no, junto a un Hufflepuff con cara de caballo. Yo siempre terminaba en la última fila, mirandolo de reojo.
Para variar, también tenía que lidiar con los Gryffindor.
Apenas me veían en los pasillos, empezaban a fastidiar.
De ser honesto, me daban igual. Lo único que dolía era que Scorpius no estuviera ahí para callarlos.
Aunque ahora tenía a Elara.
—¿No tienen nada mejor que hacer que acosar a los que no les caen bien? —les dijo una vez, alzando la voz—. Con razón pierden tantos puntos por su estupidez.
Apreté los labios para no sonreír. Eli les hablaba erguida, con el mentón en alto, casi con elegancia. Era toda una Ravenclaw.
Uno de ellos dio un paso adelante. Yo saqué la varita, por si acaso.
—¿Y quién dice que eres más inteligente que nosotros?
Elara levantó una ceja, y su corbata azul pareció destacar más que nunca.
—Mi casa y mi promedio, idiota.
Por primera vez en mis cinco años en Hogwarts, los vi callarse. Incluso algunos Ravenclaw se rieron por lo bajo. Eli me tomó del brazo y nos alejó con paso apurado.
—Honestamente, Al. Detesto a los Gryffindor. Mis condolencias por ti: tienes a cuatro en casa.
Esta vez sonreí abiertamente.
—No son tan malos cuando son tu familia.
—Si tú lo dices.
Por culpa de los idiotas, solíamos sentarnos en los rincones donde nadie nos molestaba.
Me encantaba pasar tiempo con ella. Era muy creativa. A veces compartíamos grageas, apostando unos knuts por cuál sería la más desagradable o adivinando su sabor. Eli casi siempre ganaba.
—Te tocó una de cebolla con menta, reconócelo.
Tenía razón.
Aun así, mantuve mi expresión indiferente.
—Fue de vómito, no de cebolla.
—¡Las de vómito no tienen ese detalle herbal! —Casi rodé los ojos. Por supuesto que ella reconocía el sabor con solo mirarlas.
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MARCAS EN LA PIEL © - Scorbus
أدب الهواةVERSION MEJORADA DE "ANSIEDAD". . Morí un martes. O al menos, todo empezó ese día. No me mires así, no es drama barato: yo sé cuándo algo empieza a pudrirse. A veces es por su olor, otras veces es su silencio... esta vez, fue la forma en que Scorpiu...
