Desperté al día siguiente con la nariz arrugada. La habitación olía horrible, como si el aire se hubiese podrido. Me revolvia el estomago.
Arrugue el ceño, sin abrir los ojos.
Sentí un nudo en el corazón. Había algo, una corriente eléctrica como magia ancestral, casi salvaje suspendida a mi alrededor.
Algo estaba mal.
Cuando me enderecé en la cama, se me helo la sangre.
El aroma venía del suelo, a un lado de la ventana, donde el frasco de Scorpius estaba estallado en mil pedazos. El líquido que solia llevar dentro ya no era blanco, ni parecia un extracto de luz de luna: ahora era espeso y negro, parecia tinta seca pero vizcosa, tenia burbujas y soltaba un olor agrio que se te metía en el cuerpo y te apretaba los organos.
Me cubrí la nariz con el puño.
Era magia pesada. Antinatural. Pero no se sentía como las maldiciones comunes. Era más viejo, más denso. Como si tuviera consciencia y no quisiera que lo respiraras.
El corazón me golpeó el pecho con fuerza.
Scorp me habló de esto, del efecto colateral del hechizo de protección, lo que sucedería si todo salía mal.
Toda esa magia intencionada se pudría.
Volví la mirada hacia la cama de Scorpius.
Estaba vacía.
Mis pupilas se dilataron.
—¿Scorpius? —dije en voz baja, aún sabiendo que no iba a contestar.
Me levanté de golpe, recordando con demasiada avidez la carta extraña que había recibido el día anterior.
Elara.
"Dile que lo siento, Al."
El aire parecía cada vez más vibrante.
Tengo que encontrar a Scorpius.
***
Me vestí con torpeza, y salí corriendo por los pasillos del colegio, esquivando a otros alumnos aún medio dormidos.
Apenas entré al Gran Comedor, busqué su cabello rubio entre las filas de gente. Pero no estaba por ningún lado.
Desde el fondo de la mesa de Gryffindor divise a Lily. Ella se puso de pie, acercándose a mí con Joseph pisándole los talones. Su túnica ondeaba en el aire con cada paso que daba, se veía desaliñada y tenía una expresión tensa.
El mal presentimiento en mi estómago apretaba cada vez más. En cualquier momento iba a explotar.
—¿Dónde está Scorpius?— Pregunte con un hilo de voz.
—Al —dijo con apuro, acercándose—. No está aquí. Está con el Señor Malfoy.
—¿Con Draco? —fruncí el ceño—. ¿Por qué? ¿Dónde?
—En la oficina de la directora —respondió, bajando la voz—. Albus... encontraron a Narcisa.
—¿Dónde está? —repetí, sintiendo cómo la sangre me abandonaba el rostro.
Lily respondió con la voz temblorosa:
—Está muerta.
No sé si me paralice o si fue el mundo el que dejó de moverse.
—¿Qué...? —comencé, pero no terminé la frase. Mis pies ya habían empezado a moverse. Iba a salir corriendo, directo a la oficina de McGonagall, cuando una mano me sostuvo del brazo.
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MARCAS EN LA PIEL © - Scorbus
FanfictionVERSION MEJORADA DE "ANSIEDAD". . Morí un martes. O al menos, todo empezó ese día. No me mires así, no es drama barato: yo sé cuándo algo empieza a pudrirse. A veces es por su olor, otras veces es su silencio... esta vez, fue la forma en que Scorpiu...
