La primera advertencia de que algo malo sucederia la recibi unos dias despues.
Scorp habia planeado una cita en el bosque y estaba muy emocionado por ella. Para mi sorpresa, involucraba romper una de las reglas: No ir al bosque prohibido. Ademas, era de noche.
Ese día el cielo parecía haber sido cubierto por un manto de terciopelo oscuro, y las estrellas eran diminutos cristales dormidos, apenas parpadeaban. La nieve se habia terminado de derretir unos días antes, y la tierra del bosque exhalaba ese olor a musgo húmedo que a Scorpius le gustaba.
Me había dicho que era una sorpresa, asi que por una vez no me quejé.
—¿Estás seguro de que no nos castigaran por esto? —le pregunté, bajando una rama que me golpeaba la frente mientras avanzábamos por el sendero iluminado por su lumos.
—Oh, por supuesto que lo harán —respondió, con una sonrisa torcida—. Pero lo hago con fines románticos.
—¿Romántico, en el Bosque Prohibido? Suena más a "te voy a enterrar bajo este tronco".
—No seas dramático, Potter. A menos que eso te guste —dijo en tono burlón, girándose para mirarme por encima del hombro.
Reí, sacudiendo la cabeza, y lo seguí. Caminamos unos minutos más, hasta que llegamos a un claro que parecía sacado de otro mundo.
Había un círculo de árboles altos y plateados, cubiertos por una especie de rocío que brillaba como si cada gota escondiera un hechizo. Y en el centro, justo donde la hierba era más espesa y viva, nos esperaba algo que no esperaba ver jamás: hadas.
Eran diminutas, hermosas, de alas alargadas como pétalos de lirio y una luz amarilla que parecía nacer desde su piel. Brillaban con un resplandor cálido. Su presencia era suave. Casi sagrada.
—¿Tú hiciste esto? —susurré, sin poder apartar la mirada.
Scorpius asintió, mordiéndose el labio.
—Les pedí que hicieran un pequeño espectáculo. Nada demasiado complicado. Dijeron que sí, a cambio de azúcar y un poco de poesía.
—¿Les diste poesía?
—Les recité un texto de Baudelaire y una canción de Celestina Warbeck. No supieron cuál era cuál. Fue perfecto.
Reí bajo, sin poder evitar sentir ese pinchazo dulce en el pecho.
Scorpius Malfoy estaba loco. Y era hermoso.
Una música delicada comenzó a flotar en el aire, como si las propias hojas la tocaran. Las hadas danzaban, formando espirales de luz, y con sus manos pequeñas comenzaron a crear destellos que se elevaban como luciérnagas encantadas.
—¿Quieres...? —Scorpius me tendió la mano.
La tomé.
—Siempre quiero, si se trata de ti.
Nos sentamos en el suelo, juntos bajo una manta que él había traído en su mochila encantada. De entre las sombras, una de las hadas más grandes se acercó volando, y en un gesto delicado, nos colocó coronas de flores a cada uno. La mía era de margaritas silvestres. La suya, de violetas.
—Estás... ridículamente bonito con eso —le dije, observándolo bajo la luz dorada. Su perfil parecía tallado en oro.
Él sonrió.
—Tú también, pero no quiero decírtelo muy seguido. Se te sube a la cabeza.
—¿Podrías decírmelo esta vez?—Murmure, inclinandome hacia él.
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MARCAS EN LA PIEL © - Scorbus
FanficVERSION MEJORADA DE "ANSIEDAD". . Morí un martes. O al menos, todo empezó ese día. No me mires así, no es drama barato: yo sé cuándo algo empieza a pudrirse. A veces es por su olor, otras veces es su silencio... esta vez, fue la forma en que Scorpiu...
