1 de Septiembre de 2023.
Inicio de un nuevo año en Hogwarts.
El sexto para Albus y Scorpius.
El tren ya vibraba bajo nuestros pies, los pasillos llenos de risas, pasos apresurados y maletas arrastrándose. Pero nuestro compartimento estaba tranquilo, como si la calma hubiera decidido quedarse ahí solo para nosotros.
Rabastan estaba sentado frente a mí, observando el paisaje que retrocedía tras la ventanilla. Seguía teniendo esa forma de hablar baja y pausada, como si midiera cada palabra antes de soltarla. Me resultaba extraño pensar que aquel hombre tímido, que ahora bebía té con las dos manos rodeando la taza como si buscara calor, fuera el mismo que se había batido a duelo con su propio hermano para salvarnos.
Había pasado por varios interrogatorios y un juicio entero en el Ministerio. No fue rápido ni fácil. Pero los testimonios de Rose, Lily, Scorpius y yo fueron suficientes para demostrar su inocencia... y su heroísmo. Durante la audiencia, él apenas levantó la voz para contar su historia: cómo Rodolphus lo había amenazado de joven para unirse a los mortífagos, cómo siempre había evitado ensuciarse más de lo necesario, limitándose a retener rehenes, intentando no matar. El veredicto fue claro: libre de cargos, y con una oferta inesperada.
Ahora era nuestro nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.
—¿Seguro que no te arrepientes? —bromeé, viendo cómo sus labios se curvaban apenas.
—Ya he tenido trabajos peores —respondió, y su voz grave hizo que Rose sonriera.
En las vacaciones había pasado días en casa de Scorpius. Los elfos domésticos nos preparaban desayunos exageradamente abundantes, y él me arrastraba a pasear por el jardín a cualquier hora, como si no pudiera tolerar que estuviéramos encerrados.
También viajé con papá al Mundial de Quidditch. James y Lily no vinieron, decían que no tenían ganas, pero algo en su mirada me decía que querían que esto fuera solo algo mío y de papá. Verlo emocionarse como un niño en las gradas fue... raro, en el mejor de los sentidos. Y luego, como si no fuera suficiente, me acompañó a una exposición cultural de pociones. Una feria entera llena de congresos, stands y olores que siempre le habían parecido insoportablemente aburrido... pero él se quedó a mi lado todo el tiempo, preguntando cosas y fingiendo interés solo para involucrarse en mis intereses. Esa simple intención me llenó el corazón.
Scorpius y yo, por nuestra parte, hicimos varios rituales al universo en agradecimiento por la vida. Encendimos velas, escribimos cartas, y lanzamos pequeñas ofrendas al aire nocturno desde su ventana. No necesitábamos que funcionara. Era suficiente hacerlo juntos.
Pero no todo había sido fácil.
Durante semanas, tuve sesiones con psicomagos para lidiar con lo que había pasado. Y también tuve que tratar mi piel: el Avada Kedavra que me lanzó Scorpius —poseído— me había dejado una cicatriz en forma de trueno, que cruzaba todo mi pecho. Aunque los curadores me afirmaron que no podia quitarse con nada.
La primera vez que él la vio, cuando estabamos en su habitacion en una sesion de besos, se quedó en silencio. Luego, como si no pudiera evitarlo, comenzó a llenarla de besuqueos y marcas, murmurando disculpas entre cada una.
—No lo entiendo —le dije una vez, con las mejillas ardiendo—. Es... fea.
—No —respondió, tan seguro que me desarmó—. Es tuya. Y eso la hace perfecta.
Luego sonrió—. Además, te hace ver aún más atractivo.
Fue la primera vez de muchas veces.
Yo siempre me sonrojaba, tiraba de él de la camisa y le daba un beso profundo, como si así pudiera convencerlo de que dejara de decir cosas que me desarmaban.
Ahora, en el tren, lo tenía recostado contra mi hombro, dormido plácidamente. Sus respiraciones eran lentas, y yo podía sentir el peso cálido de su cuerpo contra el mío. Mi brazo lo rodeaba por instinto, manteniéndolo cerca.
Rose estaba a mi lado, leyendo algo que no dejaba de subrayar con su pluma. Lily charlaba animadamente con Hugo, que había vuelto de su intercambio en Ilvermorny con un acento extraño y demasiadas historias para contar. Rabastan, desde su asiento, observaba la escena con esa sonrisa leve que parecía decir "esto es suficiente".
Miré por la ventana. El paisaje avanzaba, verde y dorado, y el reflejo de todos nosotros se mezclaba con el cielo.
Sentí algo que hacía mucho no sentía: paz.
Deslicé la mano sobre mi pecho, donde estaba la cicatriz.
No dolía.
Era solo una marca en la piel.
Una de esas que no desaparecen, pero aprenden a no doler.
Una prueba de que seguia vivo.
Morí un martes.
Pero volví un domingo.
Y esta vez, pienso aprender a vivir con los demás, no a pesar de ellos.
FIN.
***
Nota de la autora:
¡Y con esto se termina la historia!
Gracias por leer, por votar y por cada interacción que dejaron a lo largo de este fic. De verdad: cada una me llenó el corazón de una manera que todavía no sé explicar.
Estoy muy emocionada de haber terminado por fin este proyecto que llevo cargando desde 2020. Se lo debía a mi yo de 15 años, a la chica que soñó con esta trama y nunca imaginó que algún día la vería terminada.
Voy a guardar el resto de las palabras bonitas para la nota final del epílogo, pero quería decir esto ahora:
Fue un gusto enorme compartir este viaje contigo.
Ojalá hayas disfrutado leer esta historia tanto como yo disfruté escribirla.
Con cariño,
Abi.
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MARCAS EN LA PIEL © - Scorbus
FanfictionVERSION MEJORADA DE "ANSIEDAD". . Morí un martes. O al menos, todo empezó ese día. No me mires así, no es drama barato: yo sé cuándo algo empieza a pudrirse. A veces es por su olor, otras veces es su silencio... esta vez, fue la forma en que Scorpiu...
