Capitulo 3

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CAPITULO 3

Ella no lo abandonaría, no se iría, el no lo permitiría, ¿quien se creía ésta perra para dejarlo? nadie dejaba a Christian Reynolds y las que alguna vez lo intentaron no vivieron para contarlo, pequeños accidentes podrían ocurrirle a cualquiera, un automovilista ebrio atropellando a una transeúnte y que luego huía ocurría siempre, o una chica podría beber accidentalmente veneno o un suicidio saltando desde la azotea de un edificio, pobre chica, tenía problemas. Ya ocurrió, él mismo se hizo cargo, nadie lo descubrió jamás, y Trudi no se le escaparía, ella le pertenecía.

Christian se masturbaba oliendo la ropa interior de Trudi, si, era un enfermo, pero ella sabria valorar lo que pensaba hacerle cuando la tuviera amordazada y entrerrado hasta las pelotas en ese coñito lindo que seguro tendria, porque él la haria suya, mas de una vez, quisiera o no ella, él la moldearía hasta que la perra suplicara mas, después de todo las mujeres eran unas putas reventadas a las que les gustaban que las azotaran y a él le gustaba azotar y cortar, amaba cortar, el ruido de la carne al desgarrarse y el olor a óxido de la sangre, lo excitaba, lo ponía a mil, era la gloria, y Trudi sería la próxima, bastante la esperó ,ya era el momento de enterrarse en ella por todos los lugares que el quisiera.

El puto de su hermano tampoco la tendría. Como si no fuera obvio la manera en que la miraba desde que eran niños, con esa miradita de perro lastimero, oliendo su cabello cuando ella no lo notaba, eligiendo la manzana mas roja y poniéndola en la mesa para ella, idiota, a Trudi no le importaba, no podría importarle, no con el hijo de puta de Tom, ese cretino inepto.

Christian hacía sonar sus nudillos impotente, su hermano no la tendría,  jamás,  antes lo mataría.

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