HISTORIA RECOMENDADA POR MTV.
❝ Nueva York tiene mil universos que no siempre se conectan, pero esta es mi ciudad y siempre lo será ❞
▪︎2019 [derechos reservados]
▪︎Primer Libro de la Trilogía #NYC.
El color rosa de Charlotte se esfumó en menos de dos meses. One Direction estaba hecho trizas, Harry había sido obligado a salir con Phoebe Grant, sus amigas se encontraban viajando a Praga para festejar sus excelentes notas en Juilliard, Harvard estaba por la borda y como si ello fuese poco, sus padres, iban a separarse. Con el cabello esparcido en las sábanas Versace, Charlie abrió sus ojos y un poco más feliz asimiló que tras su ventanal se encontraba radiante y espléndido, el Empire State Building. Estaba en casa, finalmente.
—Permiso, señorita Charlotte —susurró Susan abriendo la puerta de su dormitorio con una enorme bandeja llena de galletas y otros dulces para desayunar. Apenas eran las 10 de la mañana—. ¿Cómo se encuentra el día de hoy?
Charlotte suspiró.
—¿Quieres oír la mentira o la verdad? —preguntó con desgano. Susan se acomodó a su lado.
—Escúcheme, sé que esto es difícil y que tal vez las cosas no están muy bien, pero todo pasará y usted mejorará —asintió sonriendo.
—¿Mi madre dónde está? —preguntó ignorando las lindas palabras de la sirvienta de la casa quien rodó sus ojos.
—Está en su abogado —dijo.
—Por supuesto —rió—. ¿Sabes algo de mis amigas? ¿Han llamado?
—Blair y Tiffany aterrizaron en Praga temprano por la mañana, Sienna y Amy están en Boston y Cassidy se encuentra viajando a California, dijo que le llame cuánto antes —asintió y sin ganas Charlotte volvió a tirarse sobre la cama matrimonial, miró a su alrededor pensando en lo sola que se sentía y finalmente se dio cuenta de que se encontraba en Nueva York y estaba tan triste.
—Gracias Susan, puedes irte.
Sin más, la mujer salió de la habitación. Charlotte decidió cambiarse y tomar un poco de aire, lució uno de sus mejores atuendos primaverales y con la brisa en su rostro comenzó a caminar por el mítico Central Park.
—¿Has regresado? —una voz masculina hizo que se diese la vuelta confundida, subió un poco su sombrero color violeta y ahí lo vio, Nate estaba parado frente a ella complemente cambiado, muchísimo más apuesto y parecía más maduro.
—¿Nate? —dijo y se acercó sonriendo hacia él quien abrió sus brazos para abrazarla—. No puedo creer que seas tú.
—¡Oye! Lo dices como si hubieses visto al mismísimo fantasma de Cantervielle —rió haciéndose el ofendido.
Charlotte sonrió negando.
—¿Qué haces aquí? Creí que Columbia te tenía atareado —preguntó.
—Bueno, de hecho sí —suspiró—. Ven.
Tomó de su brazo y entraron al inconfundible café de Flog, pidieron dos capuccinos y ahora si, la conversación inició.
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