Bueno, eso sí que ha sido una sorpresa, ¿verdad?.- Se rió el británico, mientras Elektra apartaba la tela que tapaba su nariz y boca.
Elektra.
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{NARRA NAPOLEÓN SOLO:}
¿Elektra, qué estás haciendo?.- Gruñó el ruso en una voz peligrosamente baja.
Cariño, ¿qué has hecho?.- Susurré, mi voz quebrada por la traición que habíamos sufrido. No sabía si debía apuntarle, ella debía tener un plan, seguro que había hablado de ello con peligro.
Illya había movido el cañón de su pistola hacia ella, sus facciones expresaban enfado. Eso me hacía pensar que quizás no había plan. Yo no era capaz de apuntar a Elektra con mi arma, por mucho que nos hubiese traicionado. Quería pensar que todo tendría lógica al final.
No es nada personal, chicos. Es sólo trabajo.- Respondió la aludida, con una mueca socarrona en sus labios. Esos labios que habían estado sobre los míos hace menos de una hora.
Ella vino a mí. ¿Verdad cariño? Y me ofreció un trato que no podíamos rechazar.- Edgar seguía con su brazo alrededor de la pelinegra, pero ella no parecía molesta por ese hecho.- Creísteis en demasiadas coincidencias.
La cama estaba fría, y te estabas descalzando, no calzando. Acababas de llegar de hablar con él.- Mi mente recordó todas las acciones sospechosas que había visto hacer a Lektra, todas las cosas que le había visto hacer pero no me había cuestionado por mi encaprichamiento con ella. Me había cegado.- Por eso estabas tan cansada. Y todas las veces que vinimos a sus propiedades, sabían que íbamos. Por eso siempre nos pillaban.
Ahora todo tenía sentido, no podíamos haber tenido tan mala suerte. Ella estaba detrás de todo.
Chico listo. Ya sabía que no eras solamente guapo.- Ella se rió. Una carcajada forzada que hizo que me doliese el pecho.
Elektra, no puedes hacer esto, sabes lo que va a pasar si él gana.- Habló mi compañero, su acento ruso más marcado.
Por favor.- Imploré, al ver que el semblante de Elektra no cambiaba, sus facciones estaban inexpresivas.- ¿Por qué haces esto?
Nadie espera que un ángel prenda fuego al mundo.- Ángel era su apodo, por eso pensé que lo decía.- Y en ocasiones el mundo se lo merece.
Sí, el mundo desde luego que se lo merece.- Afirmó Edgar Burrel, con aburrimiento.- Matadles, a ambos, e id a por la chica al hotel.
No!.- Gritó mi compañero con fiereza ante la mención de su enamorada, yendo a apretar el gatillo.
Un disparo resonó en el aire, y vi de reojo a Illya caer al suelo de rodillas, hasta desplomarse completamente boca abajo.
Peligro!.- Vociferé, mi amigo yacía desplomado en el suelo, todavía sujetando su arma en una de sus manos.
Elektra le había disparado. Había sido ella más rápida.
Illya.- Susurré, cayendo de rodillas a su lado.- Vamos, peligro. Nadie puede acabar con el mejor agente del KGB tan rápido. Levántate, vamos.- La parte delantera de su cuerpo seguía pegada al suelo, no respondía pese a que le agitaba insistentemente. No podía estar muerto. No podía.
Mis ojos se llenaron de lágrimas, y el cañón de mi arma se desplazó hasta apuntar a la pelinegra que nos había traicionado. Sabía que no podría dispararle, pese a todo, por lo que cerré los ojos.
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The Coldest War
RomanceUna nueva conspiración que pretende acabar con el mundo, tal y como se conocía hasta el momento. ¿Podrán seguir trabajando juntos Rusos y Americanos, o sus diferencias acabarán por romper el grupo? ¿Podrá resistir el frágil vínculo que los une? ¿Ha...