New reinforcement

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Los rumores estaban desatados, se hablaba de tres mujeres, de asesinas a sueldo, que conseguían cualquier cosa por un módico precio.

Por otra parte, aunque su última captura hubiese sido sustanciosa, y se hablase de ellas mundialmente, su actividad había sido un factor constante, que, sin que se lo tuviesen en cuenta, había equilibrado la balanza a favor del "bien" en muchas ocasiones.


Actualmente, ellas ya se encontraban descansando. Habían dejado al chico con sus agradecidos padres, y, tras recibir su bien ganada recompensa, se habían separado.

Tasha había vuelto con su amado esposo, Thomas, que la esperaba ansioso en su hogar. Él era un apuesto ejecutivo británico, que ahora vivía en América, trabajaba en la embajada británica de ese país. Ella, en su vida normal, era una humilde profesora de educación infantil, con nacionalidad británica y Estadounidense. Ni rastro de su característico rasgo ruso, de su acento.

Alice, la morena, poseía, junto a su marido Sebastian un criadero de caballos en Kentucky. Cuidaban a esos nobles animales por el día, y por la noche volvían a su preciosa casa, y dormían en un amoroso abrazo.

Sus esposos las amaban profundamente, y ellas no podían estar más satisfechas con su vida.

La pelinegra, a diferencia de sus amigas, no tenía a a nadie que la esperase en su casa, ni ningún trabajo que la atase a un sitio concreto. Además, tenía otra aventura entre manos, sólo estaba esperando a ser encontrada.

Para el mundo conocido, ellas eran sólo otras tres mujeres, de lo más comunes. El Universo no tenía ni idea de lo que ellas eran capaces, ni de quiénes eran en realidad.


Misión: Captura de un posible aliado.

Posición del objetivo: Hotel Plaza, Nueva York.

Hora: 01:30 A.M.


La pelinegra esperaba su visita "sorpresa", sentada sobre el sofá de su lujosa habitación en uno de los mejores hoteles de Nueva York. Agitaba con parsimonia el té en su mano, soplándole al líquido caliente, envuelta en una oscuridad absoluta. Su cara estaba cubierta, para evitar que pudiesen reconocerla. Ni siquiera Illya, con quien ella había trabajado anteriormente conocía las facciones que ocultaba la ropa.

La radio encendida emitía una conocida canción, armonizando el ambiente.

Yeah, she heats my room, she lights my light

She starts my motor and it runs all night

She's my atomic baby, yeah, she's my atomic baby

She's my atomic baby and I have to handle her with care

Se acomodó sobre el sofá, sentada, con sus pies apoyados sobre la mesa de café.

La luna proyectaba su tenue luz sobre ella, iluminando su figura, haciendo su espera un poco más llevadera. El silencio, por el contrario, lo hacía más complicado.

Hasta que fue roto, y ella sonrió. Sabía lo que venía a continuación.

Los susurros furiosos iban subiendo de volumen, mientras se escuchaba el forcejeo de los agentes en la cerradura de la puerta. Hasta que la misma, con un leve 'plic', cedió, y la puerta se abrió, mostrando las dos siluetas que ella esperaba.

Avanzaron a tientas por la negrura de la habitación, tropezándose con algún que otro mueble a su paso.

Peligro!.- Gruñó el Americano furioso, por el ruido que su compañero había hecho al casi tumbar una pequeña mesilla que había en su camino.

The Coldest WarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora