¿Who the hell are you?

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"Don't ever be afraid to shine. Remember, the sun doesn't give a fuck if it blinds you"

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{Narrador omnisciente:}

Había pasado ya una semana, en la que los cuatro compañeros se habían dedicado a explorar Londres, mientras esperaban a que llegase el día de la cita concertada de Solo y Kuryakin con el hijo de Burrell. Era jueves, ya sólo faltaba un día, en el cual se seguirían dedicando a estudiar la ciudad.

Se estaban preparando para salir a hacerlo, en este momento. Elektra ya estaba lista, así que aviso a su compañero de que iría a buscar a Gaby y a Illya, para comunicarles que ya estaban preparados. Él asintió, inmerso en la colocación de su corbata.

La chica se preparó para salir de la habitación, cruzando el pasillo para dar con sus amigos. No llegó a hacerlo, pues una presencia que ella reconocía se encontraba en el pasillo. Bufó, llevando su manos hacia su cuchillo, y esperó a que la persona avanzase hasta su puerta, aguardando con ella entreabierta.

¿Elektra?.- Preguntó confuso el americano, mirándola sin girarse, por el espejo. Todavía seguía en la puerta, algo estaba ocurriendo.

Le respondió colocando su dedo sobre sus labios, pidiendo silencio.

Él obedeció, confuso.

En cuanto estuvo lo suficientemente cerca estiró su brazo, y le metió dentro de la habitación, colocando el cuchillo en su cuello.

Tú.- Escupió ella, a un sorprendido hombre.- ¿Qué es lo que haces aquí?

El caballero, ataviado con el atuendo de trabajador del hotel, le sonrió, moviendo sus manos hacia ella lentamente. Elektra se lo permitió, observándole desconfiada, dejando que colocase una de sus manos en su cintura, y la otra en la parte trasera de su cuello.

¿Qué crees que haces, Erik?

El rubio sonrió, tirando de la estrecha cintura de la joven hacia él, y de su cuello hacia delante, hasta estampar sus labios contra los de una sorprendida Elektra, que aceptó el beso, primero con sus ojos castaños abiertos por el desconcierto, y después con ellos cerrados, inclinándose sobre el cuerpo masculino, con su mano libre enredándose entre los mechones dorados.

Napoleón esperaba estupefacto hasta que la escena terminase. Ese gesto de aceptación le había sorprendido más que cualquier cosa que ella hubiese hecho, y no le gustaba que no hubiese sido hacia su contacto, sino hacia el de otro hombre. Carraspeó, incómodo de repente.- Elektra.

La chica por fin abrió los ojos ante su llamada, alejándose del hombre delante de ella, que la dejó separarse a regañadientes. Sonrió de lado, mirando a su conocido con admiración, se había atrevido a besarla, y, lo peor. Había salido indemne. Debía sentirse extremadamente generosa hoy.

Utsökt.- Susurró él, mirándola.

¿Acabas de besarme?.- Exclamó en su susurro, estupefacta.

Te dije que lo haría la próxima vez que te viese, ömhet.- Ella rió, dejando caer su cabeza hacia atrás, aún con su mano derecha blandiendo el cuchillo contra el cuello del hombre que acababa de besarla.

Creí que bromeabas. Acababa de acuchillarte.

Oh, sí, aún tengo la cicatriz.- Levantó su traje de botones, mostrando su abdomen, y la cicatriz que allí le quedaba, sobre su cadera izquierda.- Cada vez que la veo me recuerda a ti. Y yo sé que sólo te estás haciendo la difícil, min kärlek.

The Coldest WarDonde viven las historias. Descúbrelo ahora