Parte 15

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¡Feliz año, os deseo lo mejor, siempre!

☆.☆.☆.☆

Un día, una noche, otro día, otra noche. Bruno con el paso del tiempo sano la herida, volvió a la pesca como mano derecha de su padre ahora, quien tan pronto curó en su totalidad,  tuvo después bajo su mando a todos los trabajadores.

No podía parar, la vida seguía, pero seguía bien. Cada día, todas las noches el joven pescador entraba al mar, nadaba lejos en un pequeño bote en busca de privacidad para verlo, otras más, iba a la parte más lejana del muelle y un par de veces más, a aquella laguna oculta.

Era más cuidadoso que antes, más atento, más cauteloso. Que solo en el momento en que se sentía a salvo, seguro, sin que nadie los descubriera, era el momento en que se aventuraba a nadar. Tan pronto Bruno tocaba el agua, nadaba en ella, el aparecía.  Su conexión era tan fuerte, era especial.
No quería que fuese acabar.

Bruno salió a flote, para respirar, tras jugar con Leone bajo el agua de la laguna, el chico floro hasta la superficie riendo, se peinó el cabello hacia atrás y respiró. Leone nado en círculos alrededor de el, para salir después frente a el.

El pescador apenas limpio su rostro de agua, cruzó su mirada con la suya. Los ojos de Leone eran únicos, eran bellísimos, que el ser marino acercó su rostro a el, se apegó su pecho al suyo y Bruno apenas extendió sus brazos alrededor de su cuello, cerró los ojos y una vez más, beso sus labios.

No sabía porque lo hacía, ni se molestaba en averiguarlo. Se sentía hechizado, se sentía adicto, se sentía especial. La manera en que Leone le besaba, el toque de sus labios sobre los suyos, su boca sobre la de el y su cuerpo más apegado.

Bruno se perdía ante esa pequeña caricia, que solo disfrutaba del toque de sus manos sobre su cuerpo, su calidad piel. Pero el hombre tenía que parar, siempre debía parar pues su cuerpo le quería traicionar.

El pescador sonrojo, rompió el beso y se apartó. Leone solo miro atento al chico, quien apenas tapo su rostro entre sus manos, apenas dejó sus ojos libres para verlo, hacerle saber con la mirada que no estaba molesto.

-Lo… lo siento- se limitó a decir el pelinegro, quien agitó sutilmente su rostro -Necesito… dame un minuto- hablo apenado, pero Leone hizo lo contrario. Nado cerca de el, extendió sus manos contra las suyas y tomándole de las muñecas tiro de ellas para descubrir su cara.

-Bruno- murmuró Leone, el chico estaba muy rojo. Aún así el ser no entendía que pasaba, que su único pensar fue acercar su rostro al suyo, dudó, eso fue notorio

-Leone n…- fue incapaz de hablar, el le volvió a besar. Sabia que a Bruno le gustaba, sabía que me hacía sonreír, Leone le quería ver sonreír y por esta razón le beso.

No soltó sus manos, no cerró los ojos, vio al pescador algo anonadado. Leone insistió, lo hizo de nuevo repitiendo aquel gesto al que Bruno no tuvo opción más que responder con torpeza. Titubeo pero logro corresponder aquel gesto.

Cerro los ojos y Leone hizo lo mismo, liberando sus manos para dejar que Bruno alzara las suyas y sujetará su rostro entre ellas. Mientras Leone le sujetó de su cintura.

-Te amo- susurro Bruno sin pensarlo, enredo sus manos alrededor de su cuello, y solo se apegó a el de nuevo. Jamás habría los ojos, solo repitió sus besos, dejándose abrazar por aquel ser, quien solo correspondió el gesto, nadando con el pescador entre sus brazos.

Eso hasta el momento, que Bruno le hizo detener. Soltó a Leone un momento, para quitar la camisa de tirantes que vestía, y Leone solo le miraba. Si, Bruno aún seguía con el rostro colorado, pero ahora solo reaccionó, actuó conforme al momento, dejando que Leone tocara su cuerpo, el acaricio el suyo.

Lo que pasó después, lo que ocurrió, no se pudo seguir describiendo.
Nadar, tocar, besar, acariciar. Entregar.

Bruno se entregó de la forma que pudo, y Leone correspondió a la acción. Esta vez, el pescador fue atrapado.

-No quiero que nos separemos nunca, Leone- sonrio Bruno, finalmente descansando a orilla de la laguna, mientras Leone se sujetaba a sus piernas que hundía bajo el agua.

-Bruno- murmuró el ser, llamando la atención del chico, para poner sobre ellas dos escamas, antes de cantar una melodía para el. El pescador amaba ver esos luceros y se deleitó con la hermosa canción que empezó a emitir aquel ser, guardando aquel regalo consigo, como una respuesta de Leone, diciéndole que con ellas, jamás estarían separados, llevaría algo suyo todo el tiempo.

-Nos veremos mañana- se despidió Bruno, acercando su rostro, al suyo tan pronto Leone había dejado de cantar -Descansa Leone- hablo, apartándose uno del otro.
Junto sus cosas, Leone solo le miro, hasta el momento que hizo aquel gesto, Bruno posó su mano hacia sus labios, los toco y después la movió hacia su dirección y soplo. Un beso voló.

Leone sonrio y se marchó.

-Bruno- oyó la voz tan pronto cruzó la puerta. El se sobresaltó.
-Padre-
-Es muy tarde- contesto -¿Dónde estabas?- le pregunto, dejando a su hijo entrar, cerrar la puerta y verlo con la ropa húmeda. El chico no contesto.

-No vayas a enfermar-

-No padre, tomaré una ducha- contesto Bruno finalmente, y el mayor lo dejo ir a hacer su labor. Fue por ropa seca, una toalla y camino directo al baño, pero al salir, antes de siquiera poder tocar el cesto para sacar su ropa mojada, su padre había adelantado, no solo eso. Justo en la mesa, estaba el detalle de Leone.

-Bucciarati- dijo el mayor, de pie en el pequeño comedor, el joven solo le miró nervioso, después de todo, estaba cometiendo un error -¿Dónde las conseguiste?-

-Y-Yo…-

-Bucciarati-

-Yo… no puedo decirlo- respondió con nudo a la garganta, el recuerdo amargo volvía.

-Bruno- insistió

-No puedo- repitió -No puedo decir...-

-¡Bruno Bucciarati!- alzo la voz, con un golpe a la mesa. Su hijo sin duda se asustó, sintió el pecho helar. Quedaron callados, se vieron el uno al otro, Bruno sintió sus ojos humedecer

-No… no puedo- quebró su voz, su padre cerró los ojos tan pronto bajo la mirada. No podía, no quería decirle la verdad a su padre.

-Somos pescadores hijo- hablo el mayor, poniendo nervioso a Bruno -Ya te lo dije antes…-

-No le arrebates al mar, lo que no nos pertenece- interrumpió Bruno, al recordar aquellas palabras -Padre…

-No puedo perder a otro hijo- contesto el mayor, cruzando su mirada con la suya -Ya perdí a uno… no puedo perderte a ti- continuo diciendo, mientras Bruno comprendía que su padre aún le dolía la pérdida de aquel hombre, que solo ellos dos recordaban.

-No… no me vas a perder-

-Entonces hazme caso, y obedece- le respondió caminando hacia el para darle un abrazo a su hijo -Devuelve eso, devuelve todo al mar, por favor- murmuró en un abrazo, que el menor tardó en responder.

Devolver, para su padre, el lo decía de otra forma.
Devolverlo, no… su padre le pedía; Despedirse definitivamente de Leone

Sea (AbbacchioxBruno)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora