Fuera está lloviendo.
Hace bastante frío.
Al menos Akira tiene frío.
Ha dormido un poco mal, no va a engañar.
Tiene pesadillas.
Son incontrolables. Pueden con él.
Entre eso y los remordimientos...
Pero... ¿donde está?
Levanta el peso de su cuerpo y rasca sus ojos.
Sus piernas se encogen y con ello la sabana que tiene encima.
Está en su cama.
Pero el recuerda estar en una mesa...
Recuerda estar en una mesa.
Recuerda estar en un cuadrilátero de madera donde ha fumado cigarros, contado billetes y jugado a las cartas con un moreno de ojos azules.
Recuerda estar en un campo de batalla donde dos manos se han encontrado en la frontera y una le ha dado un beso a la otra en el tierno y crudo idioma que son las caricias.
Recuerda como su mano acaricia la suya en silencio, recorriendo cada centímetro de piel, cada trocito. Recuerda como el anillo recorre su dedo anular, y como le viene grande. Pero como aún así se lo queda.
Bosteza y esconde la cara en sus brazos.
Está abrazando sus piernas.
A su lado no hay nadie.
De echo la cama no parece deshecha.
Mira a su alrededor.
En el espejo que hay sobre el armario hay un post-it:
-He ido a la Iglesia. No tardo. Hay café en la cocina.
Akira bufa y mira a su alrededor.
Y otra vez sólo.
Y tiene tentaciones de dejar de estarlo.
Leandro permanece en esa edificación de mármol blanco.
Huele a incienso y velas apagadas.
Lleva la capucha y el pelo chafado, muy a su pesar.
Pero en sitios así no puede jugársela.
Ya lo hace pero... tiene que jugar un poker, mínimo.
Cierra sus ojos y pega su frente en sus manos.
Reza.
Reza por su madre y su padre, que estén bien. Por sus hermanas y hermanos, sobrinos y sobrinas, y tíos y tías.
Reza por Adam, que por favor esté bien allí donde este. Que no le pase nada malo. Que esté bien donde acojan su alma.
Y reza por Akira.
Ay Akira...
Recuerda aún su mirada vacía.
Estaba perdida.
Le conoce de hace ya un tiempo y... pocas veces le había visto así de ido.
Demasiado ensimismado.
Sabe que algo va mal.
Y sabe que si intenta sonsacarlo, el mismo Akira le responderá con garras y dientes.
El mismo Akira tiene el móvil en la mano.
Bufa y con la voz aún ronca, espera el tono de llamada y acto seguido, a la respuesta del receptor.
-¿Si?
-Hola. - murmura el azabache.
-¿Hola... quién es? -Akira ríe por no llorar. Bufa.
-Soy yo, JG.
-¿Eh... -después de unos segundos, vuelve su voz. - ...Akira?
- Si. Pensaba que me habías olvidado.
-No... como hacerlo.
-¿Tienes tarde libre?
Leandro mira a su alrededor.
El hombre delgaducho de manos temblorosas no está.
Y tiene curiosidad por saber si le va bien.
Haré un adelanto: no se ha suicidado.
No por nada, no ha tenido tiempo.
Ahora se le pasa por la cabeza.
Si tuviera un ratito lo haría.
Vete tu a saber como le han vuelto a coger. Tampoco es difícil encontrar a alguien de quien tienes toda información. Hogar, familia, gustos, rolletes de páginas de ligar, la compra de la semana pasada...
Todo.
Le tienen atado a una silla, con la cara una vez más llena de moratones.
La nariz está tirando sangre. No siente ya la cara.
El líquido escarlata resbala por su rostro, llega a su barbilla y se suicida de la manera rápida que puede.
Tiene la cara ladeada, casi mirando al techo.
No puede moverse.
Está hecho mierda.
Leandro reza por él.
Estará bien.
En un cuartito hay un albino, frente una libreta llena de números y nombres, con el móvil pegado a la oreja y las piernas cruzadas.
Por la puerta donde se encuentra Slav entra un hombre que ya conoce de algo. Aún estando medio inconsciente y con los oídos a punto de estallar por un pitido del infierno, conoce el hombre que tiene delante suya.
Es alto, muy alto.
Fuerte.
Es Sendak.
Y lo primero que hace nada más llegar es ponerle a Slav una bolsa en la cabeza y asfixiarle con ella.
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NEON TRAFFIC // Leakira!AU // Alternative Voltron Fanfic
RandomParece mentira. Altea está más que poblada y más que avanzada. Hay recursos, hay avances y hay fiesta. Y donde hay fiesta, hay consumo. La quintaesencia, esa gran buscada por tantas mafias y tantos clanes, esa esencia ansiada que promete efectos d...
