30 9 2014
Suspiros que van aleteando,
como mariposas sordas.
El aire cargado de puntas de lanza,
clavos sumergidos en nubes ciegas.
Sombrío el rincón donde reposan las lágrimas,
y húmeda la senda
donde peces anónimos huyen angustiados.
Próximo el desclave,
ahondo y me busco,
alma indefinida en un mar de sal espesa.
Respiro, suspiro, me rehago,
y mientras canta el ruiseñor,
abro mi pecho.
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