En un negro túnel
guardé yo mis penas,
para no poder verlas
y así parecer bellas.
Pero la pena se arrastra
como se arrastra una nube negra
que todo lo tapa
y todo lo arrebata.
En la desesperación
te vuelves loca,
y cuando pasa el tiempo,
se ven las cosas.
Días y días
que se acumulan,
y cuando te das cuenta
te asaltan dudas.
La soledad, tu hermana,
te susurra al oído,
y tú sola le contestas sin vilo.
Oyes el susurro
de la boca codiciosa.
Del tiempo que te habla,
que te cuenta,
verdades inmensas,
mentiras grandiosas.
Echas la vista atrás
escondiendo el corazón,
pero abriendo los ojos.
Y sonríes, y lloras.
Y recoges las lágrimas de cocodrilo,
las guardas y respiras
mirando al futuro
con cierto resquemor.
Pero andando, corriendo,
hacia la abertura del más allá...
como debe ser.
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