¿Un zumo aporta lo mismo que su fruta?

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¡Ah, la eterna cuestión!

Mientras que a algunas personas les encanta comer fruta e incluso les apetece por encima de otros alimentos como la bollería industrial sobrecargada de grasas, azúcares y sabores artificiales, a otras personas no les termina de ir bien eso de comer, como poco, una pieza de fruta diaria.

No obstante, los zumos de frutas tienen generalmente más aceptación, sobre todo en las generaciones que nos hemos criado con el típico zumo listo para clavar la pajita y merendar. Esto es porque suelen ser más dulces (incluso recuerdo que de pequeña le echaba azúcar al zumo de naranja recién exprimido en casa para que se asemejara más al industrial y me gustara).

¿Cuales son los resultados de todo esto?

- Primero, que confundamos beber el zumo con comer la fruta en sí pensando que aportan lo mismo a nivel nutricional, lo cual es FALSO.

- Segundo, que no lleguemos a habituar nuestro paladar al sabor real de la fruta, que suele ser ácido, y por ello tendamos a añadir azúcar hasta distorsionar tanto el sabor original que acabe por no gustarnos la fruta en sí a no ser que lleve este aditivo.

En este punto cabe destacar que el dulzor natural de la fruta (provocado por la fructosa, el azúcar naturalmente presente en estos alimentos) depende del tipo de fruta, de la estación o de la madurez de la misma si tiene, pero generalmente suelen contar con un toque ácido que se aleja mucho del dulzor industrial que aportan los zumos y que distorsionan nuestra percepción del sabor.

Sin embargo, ¿por qué siguen sin ser lo mismo un zumo natural exprimido en casa, sin azúcar añadido, y la pieza de fruta de la que procede? Bien, de primeras la respuesta es muy visible: En el zumo sólo queda la parte líquida de la fruta (su fructosa y las vitaminas disueltas en el agua que guarda en su interior), pero no contiene la parte sólida (la matriz fibrosa que aporta saciedad). Por ello un zumo, al ser solo líquido, no va a saciarnos casi nada y probablemente necesitaremos comer algo más, ¡mientras que con una pieza de fruta entera podríamos haber tenido suficiente!

Pero espera, que aún podemos sacarle más lógica al tema:
¿Cuántas piezas de fruta te comerías de una sentada? Una o dos, normalmente.
¿Y cuántas piezas de fruta hacen falta para obtener un vaso de zumo? Tres o cuatro, dependiendo del tamaño y agua interior.

Entonces, si hablamos de cantidad de fructosa ingerida y teniendo en cuenta que ésta está disuelta en el agua interior, ¿Con qué método crees que vas a ingerir más cantidad de azúcar en un menor tiempo y encima sin sensación de saciedad, por lo que tendrás que comer algo más para dejar de sentir hambre?

¡Voilà!

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