Capítulo 29

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Silvia.

Despierto sintiendo besos en mi cuello, al principio me tenso con recordar a cierta persona que no viene al caso nombrarla, luego me tranquilizó porque esos besos son suaves y tiernos. No puede ser más que Carlos. Abro mis ojos y el me mira sonriendome.

Silvia- ¿cómo estas querido esposo?

Carlos- muy feliz y disfrutando la vista.

Me mira todo el cuerpo, estoy desnuda y nada me cubre.

Silvia- ¿que pretende usted de mi?

Mi voz suena sensual y provocativa. Me subo arriba de él y beso cada centímetro de su cuello bajando hasta su pecho.

Carlos- déjame hacerte mía... Déjame hacerte el amor.

Silvia- ¿yo no hago nada?

Carlos- sólo disfrutar.

Silvia- esa es la mejor parte.

Carlos empieza con besos en mis labios, por Dios que jamás me causaría de sentir sus besos y caricias. Esos besos bajan hasta mi cuello y luego a mis senos. Su boca atrapa mi pezón y su lengua empieza a jugar con el, lo hace rápido y turna cada pezón mientras sus manos acarician mi pierna y luego llega a mi entrepierna ya húmeda.

Silvia- continúa así Ferro.

Mi voz suena casi con suplica, sus dedos acarician mi vagina y luego estimula mi clítoris haciendo que mi espalda se arquee y mis gemidos sean cada vez más altos. Mi respiración se acelera y quiero más.

Silvia- quiero más... Quiero sentirte de una vez.

Carlos besa mi abdomen y baja hasta mi monte de venus y luego su lengua se encarga de trazar círculos y succionan de vez en cuando mi clítoris. Me penetra con un dedo y luego introduce el segundo y los mueve rápidamente mientras su lengua hace lo suyo. Jadeo del placer, no me detengo a pensar en los sonidos que salen de mi boca sólo dejó que todo surga. Mis gemidos van en aumento y esa electricidad exquisita se centra en mi parte baja del abdomen.

Silvia- Dios Carlos!... Se siente muy bien.

Sin avisar sube mis piernas y su pene se introduce en mi vagina hasta el fondo. Suelto un grito y sus movimientos se sienten tan bien. Mis manos acarician su espalda y su pecho se une al mío mientras el sudor de ambos se mezclan.

Carlos- Te Amo... Eres sólo mía... Dilo.

De pronto siento posesión en sus palabras, pero no amo a otra persona más que a Carlos. Me embiste lento y luego más rápido.

Carlos- dilo...

Silvia- Soy sólo tuya Carlos... ¿y tu?

Carlos- lo sabes... Soy sólo Tuyo, mi corazón y mi cuerpo te pertenecen sólo a ti.

Me embiste y sus labios besan mi cuello y luego atrapa mis labios mientras sus movimientos son con fuerza. Rodeo mis piernas sobre su cintura y sigue besando mis labios hasta que otro orgasmo invade mi cuerpo y gimo sobre su beso. Él muerde mi labio sin lastimarme y su frente descansa en la mía. Sus movimientos aceleran y es cuando siento mi cuerpo contraerse y el se detiene mientras nuestros sexos palpitan y ambos gritamos al llegar al máximo nivel de placer.

Contigo Quiero estar, NavarroFerro (Completa)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora