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Alicia se deshizo de los tacones apenas entraron al apartamento, se soltó la media cola y pasó una mano por su cabello, se detuvo frente a la ventana, contempló la ciudad y los fuegos artificiales. La luna casi alcanzaba su punto más alto, con pocas estrellas visibles entre las nubes que se empezaban a formar.
Las manos de Jacobo la tomaron por la cintura de sorpresa, pegó el pecho a su espalda y movió su cabeza hacia un lado. Lo siguiente que sintió fueron los labios en el cuello, con besos suaves, casi parecían cosquillas y no fue capaz de reprimir una sonrisa.
Cada vez que imaginaba una escena de ese tipo con Jacobo eran más salvajes, desesperadas; pero ese no parecía ser su estilo.
Jacobo tomó su cabello con suavidad en una mano, mientras que con la otra dejó de tomar su cintura para aferrar su cadera y pegarla más a él. Lo escuchó suspirar, tensionó la mano que sostenía su cabello; pero inmediatamente después lo soltó por completo.
―No tienes ni idea... ―susurró en su oído, sin terminar la frase.
Jacobo suspiró y todo el cuerpo de Alicia se estremeció. Podía sentir la respiración contra su cuello y la fuerza de la mano que sostenía su cadera; pero al tiempo que percibía el deseo también notaba cómo se contenía.
No quería que se contuviera.
―¿Quieres café? ―La pregunta la dejó confundida.
Jacobo se alejó, soltó su cadera y le revolvió el cabello, casi como un juego.
―Creo que vendría bien para la llenura ―dijo, estuvo segura de que la decepción en su voz era notoria.
―Pondré a hacer ―Le dio un beso en la cabeza―. Si quieres buscas que usar de pijama.
Cuando se fue hacia la cocina Alicia sintió de nuevo el frío de la noche. Frunció el ceño, ella quería tenerlo esa noche sí o sí y él parecía hacerse el difícil. O tal vez solo no quería estar con ella, tal vez no la deseaba de la manera en que ella lo hacía y la única razón por la que se comportaba de manera coqueta era el estúpido acuerdo de fingir.
Pero nadie podía fingir tan bien. ¿O sí?
Lo vio en la cocina, se había quitado la chaqueta y podía ver los músculos marcándose un poco contra la camisa vinotinto. Quería ir y encontrar la manera de que la tomara justo ahí, no importaba si era en la mesa del comedor, en el sofá, solo lo quería; pero quizás jugar un poco sería la mejor manera de ver si sí querían lo mismo.
Caminó hacia el baño, donde se miró en el espejo, sacó las toallitas desmaquillantes del bolso y se limpió el rostro. Agradeció haber tomado la costumbre de llevar un paquete desde la noche de su graduación, solía sentirse más "sensual" cuando no llevaba mucho maquillaje y el calor que sentía ya hacía que sus mejillas estuviesen rojas, a pesar del frío que existía a su alrededor.