–¡Preferiría morir ahora mismo que tenerte como hijo!
Exclamó aquella señora, poseedora de largos mechones marrones. En ese momento, Jungkook también preferiría que la tierra lo hundiera dentro de ella, que decir que era su madre. Podría decirle al mundo a partir de ahora que su progenitora no existe, no la conoce, está muerta, si no fuera porque ambos tenían esos hermosos ojos cuál venado, dientes parcialmente grandes y nariz pronunciada. No, nadie le creería.
–¡Una madre acepta a sus hijos como son si...–El chico se interrumpió a sí mismo de golpe, dudando en si debería seguir hablando, sin embargo, lo hizo. –...Si en realidad los amara!
Terminó esa última frase con ligeras lágrimas en los ojos, pero sin dejar de gritar, manteniendo la mirada tensa en su creadora. Sabía que no debió haber dicho eso último, porque conocía la dolorosa respuesta.
–¿Crees que yo hubiera elegido a un monstruo como tú? –Soltó esa denigrante palabra entre dientes, con odio, con coraje. En cada palabra que le dirigía a su hijo, los puños aferrados a su sucia falda de campo se hacían más notorios.
Jungkook quería seguir hablando, quería decir algo, pero estaba aturdido, confundido. Simplemente no entendía en qué momento pasó de que sus mejillas fueran el lugar favorito de las manos de su madre, a ser la peor escoria que su vientre haya creado.
–Bien...–Agregó después de unos dolorosos segundos en silencio. La respiración acelerada de ambos por la euforia de la situación eran lo único que se podía escuchar. –Soy un monstruo, ¿Qué se hace con los monstruos, madre?
–¡No me vuelvas a decir así porque no lo mereces! –Apuntó a la cara del chico con su dedo índice. –El pueblo necesita saber lo que eres, no podemos permitir atrocidades como tú, serás la ruina de este lugar –Informó mientras pasaba al lado del azabache para dirigirse a la puerta a pasos largos y firmes, haciendo rechinar el viejo suelo de madera.
Jungkook mantuvo su mirada fija al suelo, respirando con dificultad, ¿Qué se supone qué debería hacer? Su propia madre le delataría ante los ciudadanos, ante el cuidador del pueblo, la iglesia lo quemaría vivo. El chico ya podía escuchar voces en su cabeza, los posibles insultos y gritos de la gente, su madre.
Lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, el pánico podía verse en su pecho palpitando una y otra vez con fuerza, su respiración agitada comenzaba a nublar los ruidos a su alrededor. El terror se apoderaba de su cuerpo haciéndolo sentir que tenía los pies clavados en el piso. Cerró los ojos con fuerza y agitó un poco su cabeza para despejarse, logrando salir del trance.
Tenía que huír. Ya.
Se giró rápidamente hacia la puerta que su "madre" había dejado abierta por el apuro de ir a delatar a su propio hijo. Estaba a solo un paso de salir de su casa, hasta que el inconfundible cuerpo de aquel hombre que podía ser su perdición, bloqueó su camino. Esa túnica negra y bastón de madera finamente pulido, era una obviedad. Era el cuidador del pueblo.
Levantó la mirada del suelo lentamente para verlo a los ojos, temeroso.
–Jovencito, ¿A qué le tienes miedo? –Anunció el hombre con su voz aterradoramente tranquila. Jungkook sabía que esa voz podía mover un país entero con solo una palabra.
A pesar de su cargo tan importante (el más) en el pueblo entre las murallas, su edad no era extremadamente aparente de experiencia. Su calva reluciente, y anteojos dorados eran lo más destacable del cuidador. Y por supuesto, ese maldito bastón.
–Sólo vamos a hablar –Continuó el hombre extendiendo la mano con calma hacia el chico. Medio pueblo estaba posicionado a sus espaldas, en espera de una acción inmediata ante el monstruo.
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EL MALDITO
Fiksyen PeminatUn joven con poderes que ni él mismo controla es descubierto, tachado de demonio y exiliado. Taehyung, un joven campesino quien vive junto con su pequeña hermana Leena, acogen al joven desesperado en su humilde hogar, sin tener conocimiento de las c...
