VIII. Margo, La Empleada

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Capítulo Ocho

***

—¿Puedes atender la llamada, por favor Margo?—

Pidió Christian, su compañero de trabajo. Dos meses y medio después del desastre de la entrevista Margo logró su puesto en aquella pizzería. No quiso quedarse con esa única opción ya que el sueldo no era asombroso, buscó alternativas como niñera y como ayudante de limpieza. ¿Margo alguna vez había cuidado tres niños a la vez? No. Nunca.
¿Margo había triunfado siendo alguien dispuesta a limpiar cada rincón con polvo? Mucho menos. Margo solo sabía hacer una cosa, pedir. No era necesario siquiera hacerlo amablemente, siempre obtenía lo que quería. Pero todo cambió, Margo ya no tenía lo mismo.

—Pizzeria Carlo'S, Buenas Tardes—

Margo había perdido el encanto que hace días tenía, ya nunca tenía tiempo de ser vanidosa, pues, si llevaba un pantalón lindo para hacer juego con la playera del trabajo, pronto se ensuciaba de harina. Si se maquillaba, el calor del horno la hacía sudar arruinando totalmente su fino rostro. Si dejaba su cabello suelto, sería meramente poco ético. Trabajaba en un establecimiento de comida rápida, no trabajaba en un sitio de modas. Era importante para Margo conservar el empleo, incluso se veía al futuro sola y arrugada pero con trabajo en una pizzería. Obviamente exageraba pero era para esperar y prepararse para lo peor. Arreglar las cosas con su familia estaría muy difícil, desde que se fue de la casa ni un mensaje ni una llamada entraron a su celular. Incluso los bloqueó.

—Corta la pizza y guárdala en la bolsa de entrega—

Margo obedeció a su compañero.

—Entrega el pedido y regresa a comer algo—

Christian palmeó la espalda del repartidor. Con la muñeca de su brazo limpió su frente y sonrió mientras acomodaba todos los ingredientes en el lugar. Margo lo miró confundida.

—¿Cómo puedes estar feliz si trabajas aquí—

Al escuchar la pregunta, carcajeó mientras quitaba sus guantes

—Margo, recuerda que yo solo estoy aquí hasta que acabe el verano—

—Pero sigues estando feliz, no entiendo cómo lo consigues—

Christian la miró de reojo, pudo notar que estaba frustrada pero no sabía la razón y tampoco la iba a preguntar.

—Llegará algún punto donde recuerde este trabajo con cariño, después de todo, esto me va a impulsar a cosas mejores—

—¿Te hace feliz pensar en tu futuro? Vaya desastre de adolescente que eres—

Se cruzó de brazos mientras miraba sus zapatos con salpicaduras de salsa

—¿Tu no piensas en tu futuro?—

Preguntó él. Margo lo miró y desanimadamente le dijo

—Creo que mi futuro ya está definido—

Después de tan interesante charla, Margo y Christian empezaron a limpiar las bases de cada mesa, era común ver dos o tres clientes llegar en grupo para comer ahí. Parecía que llegaban vacas porque todo quedaba repleto de sobras de comida. Una vez terminada su tarea, se puso detrás del mostrador para tomar las órdenes. Afortunadamente le llegó un par de mujeres, solo una de ellas tenía cara amable mientras que la otra parecía no tener un buen día.

Amor Con SaborDonde viven las historias. Descúbrelo ahora