Parte 2 Capitulo 4: Las manos de un asesino

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Si te dejaran en un cuarto oscuro lleno de personas con sus manos atadas a una mesa y solo pudieras ver eso ¿Sabrías decir cuál de ellas ha asesinado a alguien? Es una pregunta fácil, no podrías. Nada nos da el derecho de juzgar la apariencia de otra persona. Cualquier cosa sobre ellas es suya y de nadie más concierne el saber que les lleva a verse tal cual. Por ello creo que no soy yo un asesino si veo que mis manos estás desfiguradas, llenas de cicatrices y con espacios sin pelo. No fui yo el que las hizo verse así, fueron las decisiones de otras personas y en una pequeña parte las mías las que las deshizo de su figura original. En un mundo como el mío, donde somos salvajes guardando nuestra realidad y mintiendo entre nosotros para llevar una sociedad. ¿Seré yo un asesino por comer carne? Este cuerpo que cuelga enfrente de mi no ha muerto a manos de alguien pero lo ha hecho por suerte. Comer es una necesidad básica y es muy cruel negar el derecho de poder hacerlo como es debido. Desafortunadamente nuestros organismos no han evolucionado lo necesario para que podamos vivir sin la urgencia de nuestros estómagos. Vengo de un pueblo pequeño dónde la ley es la que hacías tú mismo. Puede ser que por eso este tan obsesionado con el concepto de ser tu propio dios, aunque se me ha probado erróneo varias veces. El punto es que ahí todos habían cometido pecados, era tradición honrar las muertes de herbívoros en fiestas donde eran comidos por grandes personalidades del lugar. Fiestas a las que era invitada mi madre y por consecuencia mi padre y yo. Era más por respeto a mi abuelo que a ella, la invitación siempre era recibida por mi ¿Por qué yo? Soy el heredero de su fortuna, una a la que nunca pudimos acceder pues no se daría hasta que tenga dieciocho años. Incluso con la fecha próxima de mi cumpleaños, no creo que ese pueblo permita que la cobre. No si llevo desaparecido por bastante y menos al saber que me escapé de las fiestas a cada oportunidad. Fue una única ocasión en la que comí del platillo que se me sirvió, siempre era interesante pensar de quién era la carne entregada a todos los comensales. Era anormal creer que estaba mordiendo la piel y órganos de otra persona que en algún punto tenía razón de existir. Imagina el trauma que me causó saber que estaba comiendo una cosa que era lo mismo que le daba escencia a los herbívoros del pueblo.

-¿Vas a ordenar algo? Lo puedo envolver para ti -preguntó el dueño de un puesto en el mercado negro.

-¡Grandes descuentos solo por hoy! -gritó su compañero.

-¡Chico! Sí, tú... -gritó el dueño de otro puesto- ¡Te puedo ofrecer un mejor precio!

Me es imposible comprender porque las cosas que son anormales, para mí, morder la piel de otro ser vivo son tan normales para la gente de este lugar. Es probable que haya algo más controlando el deseo de todas estas personas, dudo en que pasara por su mente. Las reglas están rotas, actúan todo esto si se tratara de un producto y no se puede culparlos. Han decidido trabajar en un mercado, están obligados a hablar de cadáveres como comida. Se demuestra mi hipótesis: no les afecta tomar decisiones pues al final del día su destino es sobrevivir. Venden lo que pueden a costa de cometer un crimen pues de cualquier modo es lo que les deja dinero. Quisiera comprender esta forma de vivir y hacer de lo mío lo que fuera necesario para vivir pero... Mis morales no pueden permitirlo, me decepciona conocer que mi destino es sobrevivir y que me lo hago más complejo solo porque no tengo las agallas de romper lo que creo correcto, incluyendo que lo que estoy presenciando claramente demuestra que está bien. Las reglas rotas son mías, es correcto decirlo así ya que soy el único de todos que se cuestiona si es moralmente incorrecto cometer un delito para cumplir una necesidad básica.

-No quiero nada gracias.

El cartel que tenía en mi mochila, no puedo acordarme de dónde lo saque. Lo más seguro es decir que estaba colgado en una pared o poste de luz pero eso no me llevaría a nada. Necesito saber quién es el que me busca, esa persona podría ayudarme a entender que pasó conmigo ¿Quien soy y por qué huí? ¿Que fue lo que me asustó? Dije que no debía preocuparme de lo que hiciera, de cualquier modo solo trato de sobrevivir y es por eso que necesito conocerme para poder estar vivo. No quiero más el puede ser que por esto o por lo otro, exijo los hechos. Y así, el destino escuchó mis palabras y atendió la solicitud. Mis orejas escucharon un ruido indiferente en el mercado, el de una voz llamando mi nombre.

-Kristoff te hemos encontrado -dijo la voz.

Mi nombre real, solo uno que personas ajenas usarían conmigo. Esta voz no era un conocido y ya estaba clara la intención del destino, parecía ser que la persona con la que he alucinado no era realmente la que colgó esos carteles. "Te hemos encontrado", varios iban a mi búsqueda.
A la lejanía, en la entrada al mercado negro se observan a tres hombres de gran complexión que no se distingue su raza. Todos ellos en trajes negros y con lentes oscuros. En su hombro hay un parche con el logo de alguna organización. No son la policía, ni alguna banda de criminales. Se escuchan susurros de la gente en el mercado, todos sospechan que una tragedia está por su suceder. Los rumores se expanden y se cree que los hombres de traje son parte de una vieja cultura que se pensaba muerta. No podía correr, mis rodillas estaban cansadas y los olores de la carne tenían mi cabeza caliente. Dí una media vuelta en amparo a poder irme pero ya estaba condenado. Delante mía hay un oso grandísimo, vestido de traje y con el mismo logo en el hombro.

-Lo tengo enfrente mía -dijo el oso por una radio al agarrarme del antebrazo y levantarme del suelo.

Quiero Ser Un BeastarHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora